rosario sepúlveda
¿Cuál fue su primer empleo?
Cuando iba a la Universidad, me pidieron una serie de fichas bastante elementales para un diccionario de filosofía. El primer dinero que gané fue con este trabajo. Después, cuando acabé la carrera, empecé a trabajar como administrativa en la editorial Seix Barral. Recuerdo bien que mi primer sueldo era de 1.200 pesetas al mes y cuando fui al banco a abrir una cuenta me pidieron la venia marital, entonces me fui a otro banco. Le estoy hablando del año 1964. Tras unos primeros meses como administrativa, me pasaron a prensa, más tarde a jefe de producción y ya después a actividades literarias.
¿Qué recuerdos conserva de su experiencia en Seix Barral?
Recuerdo que estaba muy agobiada, porque tenía cinco hijos. Y, además, tenía el ambiente en contra. Estaba muy mal visto que una mujer casada y con tantos niños trabajara. Y recuerdo que tenía que hacerlo todo muy bien para que nadie me acusara. Tenía una mujer que venía a casa y así me las arreglaba. Pero la satisfacción de ganar un dinero siempre la he tenido en mente, porque en el segundo colegio al que fui había un maravilloso director, sacerdote, que nos decía que no había libertad sin libertad económica, y eso se me quedó grabado.
¿Aprendió alguna lección de aquellos años?
Tuve la suerte de trabajar con Carlos Baral, seguramente el primer o segundo mejor editor que ha tenido este país. Era un personaje inenarrable, fantástico, culto, divertido, irónico, cínico... Tenía toda clase de cualidades que, combinadas, daban un personaje bastante peculiar. Él me enseñó lo que todavía sigo practicando que es a divertirme trabajando.
Si tuviera que elegir, ¿qué ha sido definitivo desde su primer empleo?
Lo que ha sido más definitivo es que nunca he tenido planes a largo plazo, no tengo imaginación para el futuro y he ido arreglándomelas según la vida me ha propuesto proyectos o soluciones. Por ejemplo, yo estudié Lógica Matemática en Filosofía, y si quería seguir con ella tenía que irme a Alemania. Pero tenía cinco hijos y mi alemán era muy rudimentario. Así que decidí incorporarme a la editorial Barral. Y eso me dio una formación literaria que me ayudó después a montar mi propia editorial. Y cuando me di cuenta de que llevar la editorial me impedía escribir, y que ya me estaba haciendo mayor, acepté un contrato de Naciones Unidas. Digamos que he hecho camino al andar.
¿Queda algo de la Rosa que luchaba por abrirse camino?
Queda el entusiasmo, la energía, la dificultad de ser mujer, que todavía sigue. En eso me reconozco, sí, en las dificultades de ser mujer, que no son muy graves en mi caso, pero que veo a mi alrededor.
¿Qué consejo daría a los jóvenes que empiezan a buscarse la vida?
Que no se la complicaran tanto. Veo que las parejas no se casan hasta que no tienen el último mechero. Que sean un poco más aventureros, agarren una mochila y se vayan por el mundo con su pareja y su niño, si lo tienen, y no den tanta importancia a los bienes materiales. Los bienes materiales lo único que hacen es distraerte, mientras estás montando los electrodomésticos no te enteras de que te estás perdiendo la vida.
mi primer trabajo... rosa regÀs
escritora y directora de la biblioteca nacional