Anatomía de la persona en el directivo excelente
josé medina, presidente de ray & berndtson, retrata cómo son y se comportan los profesionales más exitosos
josé medina, presidente de ray & berndtson, retrata cómo son y se comportan los profesionales más exitosos
cristina m. frutos
Experiencia, conocimientos del sector y formación actualizada son valores indicativos de cómo puede ser el perfil de un profesional, pero por sí mismos no son garantía de que su carrera vaya a ser, o haya sido hasta el momento, exitosa. José Medina, presidente de la firma de búsqueda de ejecutivos Ray & Berndtson, habla desde su experiencia en la selección de trabajadores para altos cargos: «Tras haber explorado las huellas de la excelencia en la estructura de la carrera de un directivo, nos tenemos que centrar en las personas».
Los rasgos a los que hace referencia Medina van más allá de la compostura, el don de gentes y la capacidad de liderazgo que normalmente se exigen desde las compañías, para adentrarse en el territorio de las emociones. Y es ahí donde se pueden establecer diferencias entre un directivo «simplemente adecuado» y uno excelente. El primer aspecto, que, en gran medida, determinará el resto de los rasgos es el conocimiento de uno mismo. De este modo, el directivo puede exprimir todo el jugo de sus puntos fuertes y no dejarse minar por los débiles. «Tienen un buen conocimiento y aceptación de sí mismos y sus capacidades —explica José Medina—, que tratan de explotar al máximo y de aplicarlas a las oportunidades que identifican». Consecuencia también de este «autoconocimiento» es que no necesitan del reconocimiento constante por parte de los demás. Dentro de este conjunto de valores personales el presidente de Ray & Berndtson hace referencia a la esfera de los sentimientos. «Pueden ser apasionados, pero no viscerales ni irreflexivos; la personalidad domina al temperamento», sostiene.
En la forma de trabajar también se adivina si un directivo puede rozar la excelencia desde su puesto. Curioso, perseverante y flexible, este ejecutivo demuestra con su actitud profesional que está hecho para liderar un equipo y trabajar con y junto a él. «Están dotados de un acusado liderazgo o capacidad de influir en los demás, comunicarse con otros y trabajar eficazmente con ellos, fomentando un clima abierto», resume Medina. Las habilidades comunicativas son también un rasgo definitorio. Según José Medina, estos líderes saben entender y sentir lo que sienten los otros, además de comunicar sentimientos y opiniones con eficacia. A lo que añade que «preguntan mucho y después escuchan mucho más: escuchan más que hablan».
Pero como no todo son situaciones favorables, el profesional que quiera alcanzar el éxito debe saber enfrentarse a las adversidades. Medina matiza que «no buscan por sí mismos este tipo de experiencias pero no las rehuyen, sino que las abordan y resuelven». El aplomo y la visión estratégica a largo plazo son sus llaves para conseguirlo.
Por último, José Medina termina de dibujar este perfil exitoso. En la gestión, el uso y el valor que otorgan al tiempo se encuentra, para el presidente de Ray & Berndtson, el verdadero factor diferencial: «Saben que es el recurso más escaso de que disponen y lo aprovechan al máximo». «Es éste el indicador que quizá más diferencia a un gran directivo del que no lo es», concluye.