Como Neruda en
Confieso que he vivido
, Ramón Castañer ha desnudado su conciencia e inconsciencia en la narración literaria.Es el pintor de los increibles murales en templos de de Alcoi, especialmente en el Santuario de María Auxiliadora, por el escorzo de los ángeles en el círculo glorioso de una bóveda y el desfile festero en honor de san Jorge; el artista que se atrevió a plasmar en dos grandes lienzos de 2 x 3 metros, las escenas dramáticas del ‘Petrolio’, conocido así el acontecimiento que levantó en pie de guerra a los obreros alcoyanos en 1873, con carácter de revolución anarquista. Lienzos que hoy exhibe el Ayuntamiento alcoyano, en donde se admira la genialidad que encarnó en las figuras del pueblo los prototipos de la tragedia griega.
La obra que se expuso junto con todos los bocetos, fue noticia nacional; y no se trataba de clasificarlos como obsoletos cuadros de historia –como señalaría el crítico Antonio Revert– sino de mostrar un hecho de gran magnitud sentido y expresado con desgarro, mediante un realismo evocador.
Resaltemos que el volumen donde la biografía se tituló
Autorretrato
, ha sido escrito por Pepa Botella, bien conocida en los ambientes poéticos de Madrid, donde siguen esta pareja de alcoyanos que dejaron obra con premios y numerosos amigos en Valencia, al vivir aquí larga temporada antes de que Castañer fuera a ocupar su plaza de catedrático de dibujo en la capital.
Creo que pertenecen a los elegidos matrimonios y amantes, compañeros también al colaborar ambos en la profesión de cada uno. En las páginas se recuerdan los recitales que Pepa dió en Galería Estil cuando Ramón exponía y también como él la acompañó en su larga gira por Europa, cuando Pepa daba a conocer la Generación poética del 27 en las Casas de España, a los hijos de los emigrantes.
Contar la vida ahora, con ligera punzada de nostalgia, después de las exposiciones en Madrid y las antológicas en Alicante, Ibi y Alcoi, supone un entramado de evocaciones y un examen a su trayectoria pictórica, que afronta y justifica.
Valiente e íntegro es Ramón Castañer, quien después del infarto, operaciones y quimioterapia, se mira al espejo cada mañáma, sonríe a Pepa, habla telefónicamente con su hijo y Vanina (su mujer), bromea con el nieto Sebastián y, sin mas, entra al estudio para continuar con el cuadro emprendido; una composición donde vibran los colores encendidos, más que nunca.
Con el humor de siempre, aún añade: “Bueno, hay que seguir; y allá donde vaya, Pepa, tu conmigo”. Vida y trabajo en el más sincero de los libros que hemos reseñado últimamente.
M.ª ÁNGELES ARAZO