La Pascua es fundamentalmente fiesta sobre el césped o en la arena frente al mar. Si la climatología se presenta adversa, se busca una casa de campo, aunque el encanto de la fiesta al aire libre habrá desaparecido.
A pesar de la temperatura poco agradable, los oscuros y amenazantes nubarrones que ayer cubrían el cielo, los grupos familiares, inclusive los que no salen de la ciudad de Valencia, se acercaron a la playa de las Arenas para cumplir, por lo menos, con el rito de empinar el cachirulo.
Cierto que las tradiciones se van diluyendo lentamente en costumbres nuevas, pero siempre queda algo. Y es gozoso ver a los niños empinando el cachirulo, los de nuestros mayores que compiten con otros muy actuales de plástico o fibra de vidrio. Sin embargo, la veteranía de los sencillos cachirulos continúa triunfando.
Cachirulos caseros
Antaño las familias fabricaban los cachirulos en casa. Era todo un rito que comenzaba con la compra de las cañas, hacer las plantillas y cortar a pedacitos las telas de colores para hacer la cola que, en su momento, nivelará el vuelo del cachirulo.
Hoy en día es mucho más cómodo comprar en cualquier tienda una cometa de plástico con hilo de nailon. La verdad es que a la hora de volar no es lo mismo, como tampoco es igual la actual infancia. Hasta los cachiruleros han desaparecido.
Realizar un cachirulo no tan es fácil, como muchos pueden creerse, y menos todavía una estrella.
Habrá primero que proveerse de cañas, ¿dónde? Sólo las podemos encontrar actualmente en Ribarroja. Antaño se podían comprar al final de la calle Maestro Aguilar, en una casa al lado del desaparecido cine Mundial y frente a una también desaparecida ‘paraeta’ de frutos secos.
El segundo paso será hacer la plantilla como con los cachirulos, pero aquí hay que dibujar una estrella o el hexágono sobre el papel. Una vez equilibradas las cañas y sobre ellas pegado el papel se recorta y ajusta a sus varillas.
El cachirulo ya está hecho. El último paso es atarle la cola con más o menos pedazos de tela anudada, según observemos como vuela o cabecea.
Lamentablemente, toda esta operación ha desaparecido. Hoy en día es mucho más cómodo comprar en cualquier tienda una cometa de plástico y ya está. El rito de su construcción, eminentemente familiar, es historia.
Los parámetros de la fiesta de Pascua son sencillos. A media tarde se hace un alto en los juegos y se procede a degustar las viandas, en las que no puede faltar la clásica mona, los huevos hervidos, las longanizas de Pascua y las lechugas, sobre todo, las lechugas de amarillo y carnoso bocado.
Al rico bocadillo
Tras la ingestión de estos manjares, en los que tampoco faltan las tortillas de habas, de patata y cebolla y los típicos blanco y negro, longaniza y morcilla, pocas ganas quedan de moverse, como mucho continuar aguantando y guiando el altivo cachirulo desde su sedal.
El calendario festivo valenciano, con más festejos y celebraciones que cualquier otra capital española, tiene en la Pascua de Resurrección la primera parte de una segunda Pascua, la de San Vicente Ferrer cuya festividad se celebrará el próximo lunes día 16, entre cuyos actos destaca la misa de Pontifical, la procesión cívica de la Ofrenda y la vespertina procesión general.