Por todas partes nos cuentan cosas. Resulta que Porcelanosa ha alquilado el mayor y más lujoso transatlántico del mundo, el Queen Mary II, para embarcar a constructores, promotores, arquitectos, decoradores y famosos de todo el mundo. El crucero partirá del puerto británico de Southampton el martes 24 de abril y llegará a Nueva York a primera hora de la mañana del lunes 30 de abril.
Nuestras gargantas profundas nos revelan que hay unos cuantos empresarios valencianos invitados a la travesía, la mayoría del gremio del ladrillo, como
Enrique Bañuelos de Astroc, Andrés
y
Enrique Ballester
de Construcciones Ballester,
José Luis Miguel de Onofre Miguel y José Vicente Soler
y
Carlos Soler,
además de sus esposas. Desde Castellón también se anuncian nombres como
Juan José Gimeno
del Grupo Gimeno y
Eustaquio Alemany
de Carmalasa. Enhorabuena. Nosotras no estamos invitadas, pero nuestra amiga J. sí, que nos llevará in corpore. Con una que tenga el privilegio basta.
Tener invitación para este crucero no es ni sencillo ni fácil. Es como el front row de los desfiles de París. Ocupar uno de esos camarotes significa que existes, que has llegado a lo más alto de tu carrera. Y es que el Queen Mary II no es el típico trasatlántico de cruceros, al estilo de
Vacaciones en el mar
, con ese toque kitsch y setentero de
Gopher,
el capitán
Merrill Stubbing
, su hija
Vicky
y el pelo afro del camarero
Isaac Washington,
empeñados todos ellos en que siempre triunfase el amor. El Queen Mary II es (tachán, tachán) el barco más grande del mundo. Echemos un vistazo. Casi 300 metros de eslora y capacidad para unos 1.900 pasajeros. Una auténtica ciudad flotante con cinco piscinas, ocho jacuzzis interiores y exteriores, 14 restaurantes, un auditorio con capacidad para 1.000 personas, 1.310 camarotes con suites dobles, canchas de golf, tenis y baloncesto, 37 ascensores... justo el tamaño que servidoras necesitan para viajar, que hasta el baúl de la
Piquer
se nos queda pequeño cuando empezamos a meter hidratantes, sandalias y biquinis a lo
Norma Duval.
Siete jornadas
Si eres uno de los elegidos para visitar el Queen Mary II, como en su día lo fueron Isabel II de Inglaterra, el
Duque de Edimburgo
, el
Príncipe Michael de Kent
o la senadora
Hillary Clinton,
ahí van unos cuantos consejos. No nos dén las gracias. Para empezar, antes de lanzar amarras, izar velas y hacerle un corte de manga a la madre tierra pida una biodramina porque la jornada en el mar será muy larga (nada menos que siete días). Nunca te vistas como si te fueras a la playa, porque no vas a la playa, sino de crucero. Hay un dress code y no se puede una presentar con un peinado marmóreo y un vestido de corte imperio más propios de la ceremonia de los Óscars, donde así vestida no te invitarían jamás.
Hay que imitar a
Carolina de Mónaco
o
Valentino
, que frecuentan los puertos internacionales, y usar polos, bermudas, gafotas de sol XL (como de atravesar aeropuertos evitando paparazzis) y bolsos gigantes (ahora las mujeres no llevan bolso: el bolso las lleva a ellas). Atención a los zapatos porque o bien te pones unas cómodas sandalias o un par de chanclas delirantes (súper a favor de estas últimas). Nos encantan las incoherencias como ésas. Y es que los cruceros tienen otro rollito: se trata de epatar. Lo dejamos como idea.
Un apunte teatral
No podemos despedirnos sin recomendarles ver el musical
Cabaret
en el teatro Olympia, reconvertido en el Kit Kat Club berlinés con mesas y lamparitas típicas de los nights clubs en las primeras filas. Cabaret es el musical que más tiempo ha estado en la cartelera madrileña en las últimas décadas y ha recibido la visita de 900.000 espectadores.
Hasta el 22 de abril pueden disfrutar durante casi dos horas con la cantante
Sally Bowles
y el amoral y excéntrico maestro de ceremonias
Emcee
, que nos trasladan al Berlín de los años treinta, con sus excesos y su decadencia.
Miles de espectadores valencianos han pasado por el teatro Olympia para disfrutar de estos famosos números musicales, como el notario
Rafael Gómez-Ferrer
y su mujer
Mª José Navarro
-grandes aficionados al teatro-, la presentadora de televisión
Maribel Vilaplana
, el concejal
Alfonso Grau
, el pediatra
Juan Antonio Murgui
y su hermana
Mª José Murgui
, la presidenta del Palau
Mayrén Beneyto
y el profesor
Santiago Grisol
ía, que se convirtió en el blanco de todas las miradas cuando el maestro de ceremonias Emcee le propinó un sonoro beso durante la representación inaugural.