L
a edición
china del concurso equivalente al
Operación Triunfo
español no podrá contener “extravagancias, ni vulgaridad ni mal gusto”. Es una orden del gobierno chino.
Esas
son las principales y duras alternativas del mundo actual: o soportar el mal gusto de las televisiones de la democracia o aguantar que las autoridades pertinentes impongan
el buen gusto oficial
. Puesto a elegir, prefiero lo primero. Del mal, el menos.
La vida de los otros
. Una buena historia con alguna insuficiencia (la rápida evolución del vigilante político, del negro al blanco, no acaba de ser convincente). De la película lo que más me ha interesado es la reacción de la crítica. En
Dirigido por
, Carlos Losilla se pregunta, irritado, que por qué llega ahora esta denuncia del totalitarismo en la Alemania del Este (chantajes sexuales, delación, control de la vida política, cultural y personal).
Llega
porque la memoria histórica no sólo pugna por surgir en España. Opresión, chivatos y gente con impune capacidad para destrozar
la vida de los otros
ha habido en muchas partes.
Leo
también que la película ha gustado a algunos comentaristas cercanos, estalinistas hasta hace bien poco y muy dados a denunciar públicamente las supuestas perversiones sexuales de sus adversarios ideológicos o periodísticos. Muy astutos: no se dan por aludidos y encuentran muy humana
La vida de los otros
. Lo es.
Asisto
a la presentación
La dinastía Castro
, el libro de Jacobo Machover (La Habana, 1954). Un acto modesto en un restaurante cubano de Valencia. Sin publicidad, sin apoyos, sin buena prensa y, desde luego, sin dinero de la CIA. Machover muestra una disciplinada paciencia frente a la dictadura más larga de la historia, que tantas penalidades le causan. Y Moratinos, en Cuba, rindiendo honores al castrismo.
Las excelentes
crónicas de Machover reflejan el mismo panorama político que
La vida de los otros
: chivatazos, suicidios, infamias, extorsiones, torturas...