Como en Francia, aquí los españoles nos estamos hartando de una clase política que crispa el ambiente, ignora las demandas reales de los ciudadanos y se recluye en sus querellas, de espaldas a la opinión pública. En Cataluña, la abstención, consecuencia de este hartazgo, ha hecho ya mella en el sistema de representación.
Los franceses parecen haber encontrado un remedio a esta situación: Bayrou, la más genuina representación del centrismo, un hombre que habla el idioma de las muchedumbres, que incide en las preocupaciones reales de las gentes, que pone en evidencia las maniobras de los viejos partidos convencionales... Aquí, por la peculiaridad de nuestro sistema político, nos sería muy difícil encontrar un Bayrou, pero no por ello nuestros políticos pueden ignorar el problema. Un problema muy semejante al francés, con la particularidad descorazonadora de que el nuestro no parece tener solución.