Jueves, 22 de marzo de 2007
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EDICIÓN IMPRESA

Quiosco rosa
La tataranieta del caudillo
Qué pensaba usted? ¿Que sostener una candidatura al trono de un país republicano sale barato? En absoluto. Sale por una pastizara. Y no es precisamente que los duques de Anjou no tengan donde caerse muertos, pero ya se sabe que nunca se es lo suficientemente rico ni delgado. Así que Eugenia de Borbón y Vargas , haciendo honor a su nombre (bien nacida), ha comenzado a agradecer, en forma de portadas de Semana y Lecturas , que sus progenitores la hayan traído al mundo. Encima, “es muy buena y no llora casi nada”. Será porque todavía no se ha visto al espejo, peinada como Galindo (el de Crónicas Marcianas , no el de Intxaurrondo) y ataviada con unos faldones abominables y una medalla de la Virgen.

Si la niña ha salido guapa o fea es cuestión de gustos, pero de lo que no cabe duda es de que ha salido rentable, porque aquí ganan todos. Así, mientras su bisabuela Dampierre se acuerda en ¡Hola! de su pobre hijo Alfonso, su abuela Carmen va a Florida a conocer a Eugenia y, como tiene más práctica, cobra a la ida y a la vuelta. En Santander, su marido, el dicharachero Campos , que se ha quedado en tierra, no se pone nervioso: “Yo la conoceré también algún día. Ese día puede que esté cada vez más cerca”. O como dijo el otro, es difícil hacer predicciones, y más sobre el futuro.

¡Hola! tiene su propio natalicio exclusivo, que no es otro que el de Miguel , el hijo de Luis Miguel y Aracely (¿nadie le ha explicado que es con “i” latina?). “Cortar el cordón umbilical fue una experiencia increíble”, dice el cantante, y uno se lo imagina vestido de comodoro de la flota con unas tijeras de oro y una bandeja de plata: “Queda inaugurado este niño”.

Su dentista, no obstante, se ha pasado tanto con el blanqueador que cuando sonríe en carretera le ponen las largas; ella, por su parte, que parece haber escondido en el escote a los hermanos Matamoros , dice que está feliz “dándole el pecho, porque lo disfruto mucho”. Y para demostrarlo, se hace una foto en pleno almuerzo de la criatura. ¡El alimento de los campeones!

 
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