El producto de golf tiene recorrido. La cartera de las inmobiliarias incluye 300 proyectos que se desarrollarán en los próximos años. Muchos de ellos (el 21%) se situarán en la Comunitat Valenciana. Una vez estén concluidos, se triplicará la oferta actual de este tipo de instalaciones deportivas.
En territorio valenciano, según datos de la Federación Valenciana de Golf, hay 23 complejos deportivos, insuficientes, a su juicio, para absorber el auge de la afición a esta disciplina en los últimos años. Los federados en la Comunitat Valenciana han aumentado un 38% en los últimos cinco años y actualmente sobrepasan los 21.000. En España los jugadores se elevan a 300.000.
Pero el interés de los promotores por incluir campos de golf en sus proyectos residenciales dista mucho del tirón deportivo. El golf actúa de gancho de cara a las ventas y revaloriza el precio de salida de las viviendas incluidas en los proyectos un 20%, según explica Mikel Echavarren, consejero delegado de la consultora inmobiliaria Irea.
Ante esta realidad poco importa a los promotores que sea un producto que se repite en todas las regiones y en cualquier ubicación, ya sea interior o costa, aunque la mayoría optan por situarse cerca del mar. De hecho, apunta Mikel Echavarren, en muchos casos, sobre todo en ubicaciones de interior, sería inviable construir y vender viviendas residenciales sin el apoyo del campo de golf. Por ello el responsable de Irea augura que, de momento, es un ‘‘modelo con poca sustitución, pese a ser poco imaginativo’’ puesto que comenzó a desarrollarse hace una década.
Entre los 63 proyectos en construcción o tramitación en la Comunitat Valenciana recogidos en el estudio realizado por Irea, prácticamente la totalidad prevé la construcción de viviendas, en total se estiman en más de 242.000 inmuebles.
Precisamente los mayores perjudicados son las propias instalaciones de golf. La saturación de este tipo de complejos en determinadas ubicaciones rebaja la calidad de los recintos y los ingresos de gestión. Pocos son los campos de golf vinculados a complejos residenciales que son rentables, según el experto de Irea.
Gestión mixta
Desde la consultura inmobiliaria advierten del problema que supone para los promotores la instalación deportiva una vez que han concluido la venta de los inmuebles y, con ello, rentabilizado la inversión. Aunque no hay recetas milagrosas, Mikel Echavarren explica que en muchos casos se opta por un modelo mixto en el que se venden derechos de uso a los compradores de las viviendas y se combina con la posibilidad de explotación comercial para turistas.
La consultora, de hecho, ha creado un departamento especializado dentro de su área de hoteles y resorts para asesorar a promotores inmobiliarios en la venta de los campos de golf desarrollados.
Si los complejos residenciales no son nada sin los campos de golf, estos ‘‘están cojos’’ sin un establecimiento hotelero. Casi todos los proyectos previstos en la Comunitat Valenciana incluyen hoteles y resorts, con spas, zonas comerciales, instalaciones deportivas y sanitarias y, en algunos casos, incluso puertos deportivos privados.
Las dimensiones de los campos de golf en desarrollo en la Comunitat Valenciana son diversas. El de mayor tamaño es el que se prevé en Marina d’Or (Oropesa), que unirá tres instalaciones, dos de 18 hoyos y otro de nueve.
El uso de los campos de golf está, en principio, garantizado. Según los datos que maneja la consultora Irea, el 40% de los propietarios de las viviendas sí utiliza las instalaciones. En el resto de los casos, el complejo se contempla como una superficie verde.
Si además se abre la posibilidad de que los recintos sean explotados comercialmente, la demanda por parte de aficionados y turistas será elevada, ya que los campos de golf que ya funcionan en la Comunitat Valenciana están saturados. ‘‘Hay campos con más de 1.000 asociados’’, apuntan desde la Federación Valenciana de Golf.
Desde la consultora Irea, su consejero delegado identifica tres tipos de campos de golf. Unos son de segmentación divulgativa y no están vinculados ni a edificaciones residenciales ni a alojamientos hoteleros. Estos, precisa, podrían denominarse ‘‘públicos’’, puesto que en su mayoría son propiedad de alguna entidad pública y su objetivo es fomentar la práctica de este deporte.
Otro tipo de campos de golf es de tipo hotelero/turístico. En este caso, que se repite en muchos de los proyectos en desarrollo en la Comunitat Valenciana y algunos que están en marcha (La Calderona, Hotel Hesperia Alicante Golf o el complejo del parador de El Saler), los usuarios son habitualmente turistas y clientes de los hoteles.
Pero la mayoría de proyectos valencianos de nuevos campos de golf pertenecen al segmento inmobiliario. Están vinculados a la promoción privada de urbanizaciones y la instalación deportiva supone un reclamo para la comercialización y venta de las viviendas.