miradas pensantes
Se quiere imponer la equivocada idea de que una compañía que funciona bien sólo necesita un gestor para administrarla y no un líder. Este último está reservado para las situaciones de revolución interna. Pero quien suscribe cree que el verdadero liderazgo es crucial en todas las empresas, dado que el éxito es efímero y, en este cambiante paisaje de los negocios, sólo sobreviven los osados. Los escritores empresariales Collins y Porras, autores de Empresas que perduran, estudiaron 1.435 empresas durante un período de treinta años (1965-1995) y detectaron tan sólo once que dominaron su sector de forma permanente durante ese período. Es indudable que esas compañías contaron con auténticos líderes.
¿Cómo identificar a un líder? Olvidemos por el momento los tópicos de Alejandro Magno, Colón o Napoleón y eliminemos también a estos “Reyes Sol” cuyos rostros honran las portadas de las revistas económicas. Porque, como Collins y Porras descubrieron para su sorpresa, el auténtico líder empresarial generalmente no es famoso. Es alguien sencillo, reservado, muy entregado a su negocio e, indefectiblemente, en busca del éxito de la empresa, no del suyo propio. Esto no encaja con la imagen típica del alto ejecutivo carismático. Como sabemos, carismático muchas veces es sinónimo de narcisista, algo realmente negativo cuando hay que pedir a la plantilla la travesía del desierto.
Y, por supuesto, un líder en el siglo XXI necesita tener éxito en un ambiente de nuevos negocios. Si en el pasado uno lidiaba con activos tangibles como las fábricas, hoy el capital humano y la propiedad intelectual adquieren mayor protagonismo. Si hace años la integración vertical fue la receta para el éxito, hoy el soufflé empresarial sube gracias a las alianzas con terceros y la reputación corporativa. Ahora bien, no hemos de olvidar los cinco atributos clave de un líder en esta nueva época. El primero y más destacado es el coraje y la audacia: nadie ha logrado más que resultados mediocres copiando a la competencia. El segundo lugar es para la
creatividad: solo las empresas que innovan constantemente pueden contar con el éxito continuo. En tercer lugar se debe de considerar la integridad: dado que el trabajo en equipo aporta excelentes resultados. El líder falso, vacío o deshonesto rápidamente pierde el apoyo de sus seguidores. El cuarto atributo es el conocimiento de las nuevas tecnologías: actualmente, en todo negocio de éxito, la tecnología es fundamental. Incluso los artesanos se están vendiendo hoy por Internet. Y en quinto y último lugar, viene la perspectiva internacional: en esta aldea global que está derrumbando la mayoría de las barreras comerciales, es preciso buscar constantemente nuevos mercados y oportunidades.
Muchos jóvenes líderes empresariales que tengo ocasión de conocer en mis conferencias piden orientación para el crecimiento de sus negocios o el inicio de otros nuevos. No olvidemos que las pequeñas y medianas empresas conforman la columna vertebral de nuestra economía. Mantenerlas en crecimiento y a la cabeza de la actual Europa conlleva la necesidad de alentar a los jóvenes graduados de las universidades y de los programas de formación profesional a que asuman el riesgo de empezar sus propios negocios. No sólo tienen que desarrollar atributos de líderes. Los pequeños empresarios también requieren agilidad, energía e intensidad, especialmente en sus comienzos. En lo que se refiere a las áreas más prometedoras para empezar nuevos negocios, me atrevo a sugerir productos o servicios para la tercera edad. El cambio demográfico está llegando rápidamente a España, donde las mujeres ahora viven hasta los 84 años de promedio, por lo que las oportunidades son enormes. Como mi amigo Andrall Pearson, antiguo presidente de PepsiCo y después profesor de la escuela de negocios de Harvard, solía decir: “pesca donde están los peces”.
John de Zulueta
john.dezulueta@thinkingheads.com