El Gobierno de Brasil ha rechazado las acusaciones que indican que grandes compañías azucareras están arrasando porciones de selva amazónica para extender las plantaciones de caña azucarera, con el objetivo de aumentar su producción de alcohol usado como biocombustible. Aunque parece que algo de ello se ha registrado, y ahora se intenta frenar nuevos desaguisados ecológicos, lo que sí es más evidente es que grandes propietarios de plantaciones de naranjas están sustituyendo esta producción por la de caña, ante el auge del mercado mundial del bioetanol.
Brasil es, desde hace más de treinta años, líder mundial en la producción de etanol (alcohol etílico, ahora más comúnmente denominado bioetanol), utilizándolo como combustible de automóviles. Primero se mezclaba en pequeñas proporciones con la gasolina y ahora se utiliza con mezclas mucho elevadas e incluso de forma exclusiva. Lo obtiene de la caña de azúcar, o mejor dicho, en la fabricación de azúcar a partir de la caña, con lo que ha desarrollado una tecnología propia muy eficiente, que aprovecha los subproductos del proceso y logra resultados muy competitivos.
De hecho, el litro del etanol brasileño sale a una media de 20 céntimos de dólar, 15 céntimos de euro, mientras que el etanol que se fabrica en EE. UU., en este caso a partir de maíz, resulta a 40-50 céntimos de dólar. Esto quiere decir que el etanol de Brasil es competitivo, como sustitutivo del petróleo, a partir de una cotización del barril de crudo, de 159 litros, a 30 dólares, mientras que el EE. UU. sólo es atractivo con el petróleo a unos 60-70 dólares.
El Gobierno brasileño está desplegando últimamente una gran actividad internacional en este terreno, consciente de la demanda mundial en aumento y de que es la auténtica potencia para abastecerla en buena parte. Por eso se vanagloria de que su tecnología y disponibilidades no tienen competencia, y mucho menos frente a producciones de alcohol a partir de otros productos y de residuos agrícolas o forestales, como se está investigando también en España.
El alcohol brasileño es el más económico y cuenta con bastante margen para subir de precio a la venta, para resistir en competencia frente a hipotéticas bajadas del petróleo y ante obtenciones a partir de otras materias primas.
Pero Brasil es también el primer productor mundial de naranjas y de zumo industrial de naranjas, un segmento en el que ahora parece no dispuesto a crecer más, sino a retroceder para aumentar en lo que tiene más futuro inmediato: cultivar caña de azúcar y producir bioetanol para los coches.
Un cambio importante que no se debe perder de vista desde la citricultura de la Comunitat Valenciana, que ahora sufre horas bajas pero que se podría ver impulsada por esa bajada citrícola de Brasil, que se suma a la de Florida, aún segundo productor mundial de zumos, cuando el consumo europeo de estos va al alza.
En ocasiones, la vida da unas vueltas inesperadas.