Anecoop saborea récords pasados pero augura tiempos peores
El último ejercicio cerrado por el líder hortofrutícola registra unas ventas de 422,5 millones de euros pero sus directivos avisan sobre la gravedad de la crisis actual
El último ejercicio cerrado por el líder hortofrutícola registra unas ventas de 422,5 millones de euros pero sus directivos avisan sobre la gravedad de la crisis actual
Anecoop, la cooperativa de cooperativas (con sede en Valencia) que es líder en España y en el resto de Europa en la comercialización de frutas y hortalizas, ha presentado esta semana sus datos de la campaña 2005-2006, que cerró en octubre pasado, con un sabor agridulce: buenas cifras (605.000 toneladas comercializadas), récord de facturación (422,5 millones de euros), pero con una tendencia al abaratamiento de los precios de venta que, lamentablemente, se ha agudizado en la actual temporada, lo que plantea negros augurios. Malos tiempos, como ya saben y sufren la mayoría de los productores de naranjas, frutas de verano, verduras y vinos.
Mercado saturado equivale a precios de venta a la baja; si los costes de producción siguen aumentando, el resultado evidente es el de las pérdidas, que en el caso de las cooperativas se traduce en pobres liquidaciones. Anecoop liquida poco a sus cooperativas y estas, tras deducir sus costes intermedios, no pueden más que pagar menos aún a sus agricultores, que no obtienen lo necesario para un nuevo ciclo de cultivo. Ganar algo, ni pensarlo; ni siquiera pueden amortizar inversiones.
Durante la asamblea anual de Anecoop se traslució perfectamente el grave momento de crisis a través de los discursos de su presidente, Juan V. Safont, y de su director general, José María Planells.
Safont habló de que la actividad agraria se ha convertido en ‘‘desagradable, ruinosa y desalentadora’’, aunque animó a resistir a base de ‘‘concentración’’ de esfuerzos. Un empeño, el de la concentración, que Anecoop viene intentando desde hace años a través de unificar criterios productivos, reducir el número de instalaciones de almacenes y aumentar la participación comercial obligatoria de las cooperativas asociadas. El objetivo sería el de constituir con las cooperativas de base un auténtico grupo empresarial, pero a la hora de la verdad el compromiso de cada una de ellas es variable. Pocas trabajan al 100% con Anecoop; la mayoría tiene clientes propios y comercializa a través de la cooperativa de segundo grado sólo lo que no puede colocar con facilidad. Eso tiene dos lecturas: por un lado cabe pensar que no se confía a Anecoop el mejor producto; pero por otro lado también es cierto que existe un recelo congénito, basado probablemente en pobres liquidaciones anteriores, que hace desconfiar del grupo y anima a que muchas cooperativas prefieran trabajar en los dos frentes. ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?
Aun así, del 25% de comercialización obligatoria a través de Anecoop se pasó al 30% y en la reciente asamblea se aumentó al 35%. Había oposición de algunas cooperativas asociadas, pero el resultado de la votación fue aplastante: el 87% a favor. Una adhesión que no está nada mal para un año en el que se barajan las liquidaciones de precios más bajos de la historia. Y la intención es seguir aumentando un 5% en cada uno de los próximos ejercicios.
Planells no pudo eludir los efectos perniciosos de los individualismos y ‘‘personalismos’’ en su acostumbrado listado de ‘‘reflexiones ’’sobre el funcionamiento del grupo y de la agricultura valenciana en particular, sobre todo de la citricultura.
Así, el director general de Anecoop advirtió de que ‘‘estamos en la inercia de una pendiente peligrosa y no hacemos mucho por salir de ella, más bien nos dejamos rodar y, en ocasiones, algunos aún ponen más piedras en el camino, con lo que sufrimos heridas más graves y entramos en un deterioro del que acabaremos sin poder salir, salvo ocurrir un milagro’’. Planells insistió una vez más en la necesidad de ‘‘hacer algo entre todos’’ y no limitarse a ‘‘mirarnos el ombligo’’, pero reconoció que son cosas que viene repitiendo año tras año, reunión tras reunión, sin obtener el eco buscado.