Nadie que quiera ir a Madrid se va a quedar en Valencia”. Este fue el reto que asumió Alejandro, uno de los encargados de un grupo de valencianos que viajó ayer en autobús a la manifestación convocada por el PP en la capital de España.
Eran las 9.30 horas cuando el autocar número 37, que transportaba a medio centenar de personas, partió en dirección a Madrid. Para ir abriendo boca los organizadores repartieron a los viajeros un pañuelo fallero con el semblante de Rita Barberá y banderas valencianas de plástico. Son Fallas para todos, incluidos los manifestantes. “Ayer acudí a la concentración de la plaza del Temple, había muchísima gente”, comentó Juan Ortiz, uno de los que viajaban en el bus. Para él esta era la primera vez que se desplazaba a una manifestación de estas características en Madrid y resumía: “A las anteriores no pude ir por motivos de trabajo, pero a esta ya tocaba”.
Detrás de Juan, Pili habla por teléfono. Está muy contenta porque pensaba que no habría plaza para ella en el autocar. “Mamá estoy de camino a Madrid ¡Sabía que cuando hablara contigo te pondrías a llorar!”, dice emocionada.
Pili, que trabaja en Valencia, se reunirá en el parque del Retiro con sus amigos y familia para caminar juntos bajo un lema: “Por la libertad. No al chantaje”.
El hilo musical del vehículo se interrumpe. Son las 11.30 horas, toca hacer un descanso. A la media hora se retoma el viaje desde Cuenca. La primera melodía que suena en el autobús es el himno nacional. Los valencianos, la mayoría del distrito de Ruzafa, aplauden y tararean la música.
Las conversaciones entre el pasaje se suceden. Un vecino de Albalat dels Tarongers expone su visión sobre el caso De Juana: “Quien mata a una persona debe una vida. Quien mata a varias no le corresponde otra cosa que no sea la cadena perpetua”.
Suena un mensaje de móvil. Samuel bromea: “Será una noticia de última hora, algo así como que Zapatero dimite”. Sus compañeros de alrededor le ríen la broma. “Hace un día espléndido” asegura Antonia, que ofrece algo de comida para picar. Hay que reponer fuerzas para la tarde.
Manuel inicia una tertulia con otros dos pasajeros. Analizan la política terrorista del presidente: “El peor de todos es Rubalcaba”. Argumenta que los miembros del Gobierno “se creen sus propias mentiras”. Sus espontáneos contertulios asienten sus palabras.
Son poco más de las 14 horas. Comienza el desembarco en Madrid, concretamente en la avenida Alfonso XII. La Senyera, el pañuelo fallero, la pulserita con los colores nacionales y los lazos azules conforman el uniforme de los manifestantes valencianos. “Antes de acudir a la manifestación y si me da tiempo quiero ir a la plaza de la República Dominicana–uno de los lugares donde De Juana perpetró un atentado– para colocar la bandera de la Comunitat Valenciana”. Las banderas valen 5 euros, los lazos azules, gratis.
Una vez en la plaza de la Independencia, punto de partida del acto, los pasajeros del autobús número 37 se juntan con otros valencianos. Entre ellos, destaca un grupo muy numeroso de Manises, que ha viajado al margen de la organización y que llevan una enorme pancarta: “Cadena Perpetua”. Además, con un altavoz, invitan a todos los presentes a partir del próximo miércoles a las Fallas.
Cuando comienza la marcha, empiezan los gritos. “Zapatero dimisión”, es con creces, el más vitoreado. “Negociación en mi nombre, no”, “Zapatero al mortero” y “Zapatero haz la maleta y vete con ETA”, también exprimen las gargantas.
Los valencianos del distrito de Ruzafa mostraron al término de la protesta su satisfacción. Antonia destacó el discurso “sensato y coherente” de Rajoy. Otros se mostraron impresionados de la multitud que se congregó en Madrid y todos, sin excepción, indicaron que se habían visto muy arropados con sus ideas. En el regreso, pese a que quedan cuatro horas de viaje, se respira felicidad.