Martes, 20 de febrero de 2007
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EDICIÓN IMPRESA

Valencia
Autobombo
Mío. Sí, sí: autobombo de un servidor. Porque habrá leído usted en la prensa, o tal vez no, que el Foro del Espectador ha concedido al crítico de televisión José Javier Esparza su VI premio “a la libertad de expresión”. Es el segundo premio de este tipo que me bendice; el otro me lo dio, hace dos años, Telespectadors Associats de Catalunya. Dos premios en dieciséis años de crítica de televisión: no es buen negocio, ¿verdad? El Foro del Espectador es una de las plataformas más fuertes de telespectadores en España. Lo cual, si hay que ser sincero, tampoco es decir mucho, porque España es un país donde la gente se asocia poquísimo, donde la mayoría de los espectadores no ve la tele con ánimo de consumidor crítico, sino “a ver qué echan”, y donde las instituciones, como las propias cadenas de televisión, pasan directamente de cualquier asociación ciudadana, porque están convencidas de que la tele es suya y que los espectadores están sólo para aplaudir.

En estas condiciones, uno no debe imaginarse al Foro del Espectador como un poderoso navío, sino más bien como una barquichuela donde unos poquitos heroicos se afanan en achicar agua sobre la mar arbolada del gran negocio televisivo, mientras tiburones con logotipo de canal en la aleta dan vueltas con las fauces abiertas hasta que caiga la pieza. La pieza, de momento, no termina de caer, lo cual habla de manera elocuente sobre el talante numantino de estos señores.

Como es de suponer, una casa como esta del Foro no da premios en metálico; incluso me malicio que, cuando acuda a recogerlo, algo me harán pagar. Esto es así porque en el mundo en general, y en España en particular, si uno va persiguiendo la verdad y la justicia ya se puede ir preparando para recibir bofetadas. La vida es como es: si resucitas a una chica italiana, o haces el ridículo en un carnaval o, más aún, si eres un maleante de cualquier pelaje, nadie te negará un lugar de privilegio en algún ‘polígrafo’ para que cuentes “tu verdad”. Pero si eres una asociación de espectadores, nadie hablará de ti, todos te mirarán con suspicacia.

En cuanto a las instituciones, más vale ni acercarse: todas tienen tanto miedo a las cadenas que antes se dejarán arrancar una mano que aproximarse a una gente tan engorrosa como esa de las asociaciones de espectadores, siempre protestando los muy aguafiestas. “¿Por qué la tele en España es como es?”, pregunta tanta gente. Porque nadie hace caso a las asociaciones de espectadores. Y ahí siguen, heroicos. Qué moral.

JOSÉ JAVIER ESPARZA

EL INVENTO DEL MALIGNO

 
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