Domingo, 18 de febrero de 2007
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carta del corresponsal
Carnaval a la rusa
La Máslenitsa, celebración con la que se despide lo más riguroso del invierno, es la más antigua y divertida de todas las del país
La Máslenitsa, celebración con la que se despide lo más riguroso del invierno, es la más antigua y divertida de todas las del país
No sólo Río de Janeiro y Venecia celebran cada año su Carnaval. Como todo buen cristiano, los rusos también se entregan en la víspera de la Cuaresma a todo tipo de desenfrenos: bailes de máscaras, comparsas callejeras, comidas pantagruélicas, promiscuidad y excesos etílicos. El evento se llama Máslenitsa y dura toda la se mana anterior al comienzo del recogimiento y ayuno cuaresmal. Este año, tuvo su inicio el pasado lunes y hoy domingo finaliza.

Su origen es pagano, pero, tras la cristianización, la Iglesia ortodoxa incorporó la fiesta a su calendario. El jolgorio se organiza para despedir la parte más rigurosa del invierno y dar la bienvenida a la primavera, que aún no ha llegado, pero se avista ya en el horizonte. La Máslenitsa era antiguamente el único paréntesis de regocijo que había entre la quietud invernal y la penitencia a la que obliga la Cuaresma. Por eso, se daba rienda suelta a los apetitos.

Era la temporada propia para el emparejamiento. Se intensificaban las relaciones sociales. El vodka ayudaba a soltar la lengua. De ahí que, durante la Máslenitsa, sea común visitar amigos, familiares y cerrar negocios. Las pitonisas quitan el mal de ojo y adivinan la fortuna. Durante la época soviética, la fiesta quedó reducida únicamente a la costumbre de consumir blinís (tortitas o panqueques).

Tras la desintegración de la URSS, el resurgimiento de las viejas tradiciones ha convertido otra vez la Máslenitsa en la festividad rusa más vistosa y entretenida. Un ejemplo de su gran belleza y colorido puede observarse en la película El barbero de Siberia , del cineasta ruso Nikita Mijalkov. Las escenas en las que los rusos se divierten y beben hasta perder el conocimiento son quizá las más logradas en la epopeya cinematográfica de Mijalkov.

Este año, sin embargo, el extraño invierno ha hecho que su celebración coincida no con el final de los fríos más rigurosos, sino con su comienzo. En la parte europea de Rusia, el verdadero invierno llegó a mediados de enero y, para la semana que empieza mañana, en Moscú tendremos temperaturas inferiores a los 30 grados bajo cero, las más gélidas en lo que va de año. Pero el frío polar no está impidiendo a los moscovitas gozar del festejo.

En todo Moscú, el Ayuntamiento ha dispuesto más de un centenar de plataformas para conmemorar la Máslenitsa. En cada una de ellas, hay escenario, pista de baile, barracas de feria, puestos de venta de blinís , atracciones infantiles, cuadriláteros de pelea y canchas para la realización de todo tipo de competiciones. El lugar de encuentro más típico en Moscú es la Cuesta de San Basilio, junto a la catedral del mismo nombre, situada en uno de los extremos de la Plaza Roja.

El primer día de la Máslenitsa, el lunes, las familias se reúnen en casa para confeccionar el calendario de visitas de la semana. El en cuentro se hace con la mesa repleta de panqueques y es costumbre invitar a comer a los indigentes. Los blinís pueden ser dulces o salados. A los primeros se les añade mermelada, chocolate fundido, miel, frutos secos o smetana , una crema de leche a medio camino entre el yogur y la nata. Los salados llevan caviar, salmón ahumado, queso o patata. Las rosquillas y la medovuja , una bebida hecha de miel, completan el menú.

La Iglesia ortodoxa sostiene que la Máslenitsa es la “preparación para el severo ayuno de Cuaresma”. Nose puede comer carne, pero sí pescado y productos lácteos. El portavoz del Patriarcado de Moscú, el padre Vsévolod Cháplin, advierte además de que “no hay que dejarse llevar por el bullicio festero hasta perder el decoro”. “Estamos en una semana de arrepentimiento y no debemos destruir nuestro cuerpo y alma con borracheras y juegos peligrosos”, insiste.

Pero pocos son los que observan los preceptos religiosos al pie de la letra. La segunda jornada de la Máslenitsa, el martes, es el día dedicado a que los jóvenes busquen pareja. Los padres deben ser más permisivos, no limitar los horarios de llegada a casa y dejar que sus hijas se queden todo el tiempo que quieran en la habitación con sus novios. Los bailes de máscaras suelen acabar en bacanales de sexo y alcohol. Los embarazos no deseados son el resultado más habitual, pese a que Ru sia es un país con un sistema educativo que enseña bien a protegerse.

A partir del miércoles, comienza la parte más social de la Máslenitsa: comparsas, conciertos, combates a puño desnudo, pruebas de fuerza y habilidad, carreras de caballos, paseos en trineo, hogueras y otras muchas atracciones. Uno de los concursos obligados es el de devoradores de blinís . Cuenta no sólo la rapidez, sino también la cantidad de tortitas engullidas. Se premia, además, a quien cocine el más grande.

El asalto a la fortaleza helada es otro de los espectáculos propios de la fiesta. Se construye un gran castillo de nieve y se forman dos equipos, uno debe conquistar el bastión y el otro defenderlo. La cosa acaba a mamporros y con la construcción de nieve por los suelos. Simboliza el final del invierno, igual que la quema, hoy domingo, de un espantajo de heno. Hoy es el día del perdón , cuando se clausura la Máslenitsa y se oficia la gran misa, la única en toda la semana. Según la tradición, unos a otros se perdonan los agravios infligidos durante el año.

 
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