No es difícil encontrar en Valencia una gran cantidad de restaurantes que ofrezcan nuestra tradicional paella. El plato que, según una encuesta –realizada hace relativamente poco tiempo para el sector turístico– es el más demandado, no sólo por los turistas que nos visitan, sino por los propios españoles.
Por desgracia, la paella que se puede encontrar en la mayoría de los locales que la realizan es elaborada a gas, olvidando que la tradición manda que se debe realizar a leña para que atesoren todo los aromas que les transmite el fuego con la ayuda de la madera. Uno de esos pocos restaurantes que la siguen elaborando de esa manera tradicional es Casa Clemencia.
La historia de Casa Clemencia se remonta a los años sesenta, cuando en 1966 Gregorio Ruiz inició su andadura hostelera en este primitivo local de la avenida Primado Reig, que no era ni por asomo la importante vía que es hoy en día. Lo único que no ha cambiado de Casa Clemencia es la forma de elaborar las paellas, pues aquel sencillo y modesto local que dio comienzo a tan saludable recorrido amplió sus instalaciones a las que conocemos en la actualidad, también en Primado Reig, número 179.
La cocina de esta casa se identifica en pleno con un recetario puramente tradicional. Su paella se elabora siguiendo los cánones y productos que se han utilizado toda la vida en la huerta valenciana: rica en verduras, buen pollo, sabroso conejo y un arroz de calidad para que absorba el sabor que han creado tan impecables productos.
Las entradas están bastante conseguidas y son las típicas que se suelen demandar antes de la llegada del arroz: calamares o sepia plancha, clóchinas –dentro de en temporada–, deliciosas verduras o setas a la plancha, un correcto surtido de ibéricos o unos muy logrados esgarrat o all i pebre de anguila.
Además, se sigue manteniendo uno de los platos más característicos de la carta: la pierna de cordero al horno con su correspondiente guarnición. El postre más recomendado sigue siendo la naranja quemada con helado de turrón.
La gerencia de Casa Clemencia, está en manos de Vicente Francés pero Gregorio, antiguo propietario, sigue al pie de la empresa. Su presencia en los salones y la cocina del restaurante es garantía de un servicio competente y amable. Sus salones espaciosos, pueden albergar cualquier celebración por numerosa que sea, bien familiar, bien de empresa.
Una nueva vertiente que ha iniciado Vicente ha sido la gestión de los salones del Museo Fallero –en la avenida San José Artesano, 17–, con una capacidad para 300 comensales y que puede albergar desde presentaciones falleras a celebraciones variadas.
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