Las conferencias y artículos escritos por Umberto Eco y recogidos en este volumen abarcan desde 2000 a 2005, con incursiones en el 2006 si se incluye también el prólogo (
Los pasos del cangrejo
) y las notas. Son más de seis años ue el escritor italiano (Alessandria, Piamonte, 1932) califica con sombría rotundidad: “Se trata de un periodo fatídico que se abre con la inquietud ante el nuevo milenio, comienza con el 11 de septiembre, al que siguen dos guerras en Afganistán y en Irak, y en Italia se presencia el ascenso al poder de Silvio Berlusconi”.
Umberto Eco
se moja
en sus artículos. No tanto como Pasolini (1922-1975) o Moravia (1907-1990), dos de los mejores polemistas en la prensa italiana del siglo XX. Pero sin ser tan valiente ni librepensador como ellos (Eco siempre se mantiene cogido, al menos con una mano, al asidero de lo
decente y aseado
), tampoco se acomoda sistemáticamente en lo políticamente correcto. Dice sobre las supuestas crispaciones que nacen de (o causan) los debates políticos: “Si alguien lucha por una opción política (y en este caso civil y moral) ha de denunciar enérgicamente el error de quienes tienden a comportarse de manera diferente. Las críticas al adversario han de ser severas, despiadadas, para poder convencer al que está dudoso”.
En ‘Del juego al carnaval’ (
La Repubblica,
enero de 2001) Eco denuncia la omnipresencia del deporte en la sociedad actual, especialmente en las más desarrolladas: “El deporte ha pasado de ser una actividad ocasional (un partido a la semana y las Olimpiadas de vez en cuando) a actividad omnipresente, y de actividad que acaba en sí misma a actividad industrial”.
Estado, televisión
En ‘Sobre el populismo mediático’ (
L’espresso
, julio de 2003), suelta un magnífico párrafo en el que, desde una posición de izquierdas, arremete contra Berlusconi pero también contra la propia izquierda, aferrada a claves analíticas idealistas: “La época en que yo nací tenía como mito el hombre de Estado, la época actual tiene como mito el hombre de televisión. Con la habitual ceguera de la cultura de izquierdas, la afirmación de Berlusconi (de que nadie lee los periódicos, en cambio todo el mundo ve la televisión) se ha interpretado como su último patinazo insultante. No lo era: era un acto de arrogancia, pero no una tontería”.
Eco títula de modo irónico y divertido uno de sus artículos: ‘¿Estábamos mejor cuando estábamos peor?’ (
L’espresso
, noviembre de 2003). Pregunta maliciosa y dialéctica con la que se burla –creo entender– de algunas desconcertantes contradicciones y añoranzas políticas de la modernidad.
RAFA MARÍ