Debolsillo ha seleccionado, con muy buen criterio,
99 cartas de amor
escritas por personajes ilustres a lo largo de los últimos cuatro siglos. Poco después de San Valentín no se me ocurre mejor recomendación para lectores y lectoras enamorados que dedicar a la lectura de estas cartas unos momentos, que se harán preciosos y emotivos.
Quiero resaltar, sin desvelar la sorpresa que les producirán algunos escritos, que entre los autores encontrarán a reyes y reinas, científicos, escritores y músicos. Hacen estos últimos, gala del mayor ardor y, por ejemplo, Chaikovski debate con su amada si la Música o la Literatura son instrumentmás uado para expresar la pasión amorosa. Pierre Curie se dirige a Marie, la que luego sería su esposa, para encontrar en el proyecto científico común la excusa con que expresar su amor. Berlioz expresa la pervivencia del amor juvenil; Sigmund Freud, dulce y apenado por la separación, desmenuza el impacto emocional de la foto de la persona amada; Mozart espontáneo y sincero escribe la carta que a todos nos gustaría recibir. Dostoievski hace que se te encoja el corazón: el autor de
El jugador
muestra sus problemas con la adicción al juego y el dolor que le causa apenar a su esposa, muy preocupada por él.
Al escribir desvelamos mucho más de nosotros de lo que pretendemos. Se deslizan entre las palabras detalles que descubren la personalidad entera de su autor. Así, Isabel II, una mujer desgraciada en el amor, se dirige a su amante de turno y le propone enseñarle a hablar español en una carta plagada de faltas de ortografía; Napoleón, que sabe que Josefina no le es fiel, le reprocha su comportamiento, la amenaza, le suplica y la ama; es gracioso comprobar como hasta Lord Byron tenía problemas con su suegra para realizar su amor.
CARLOS MORENILLA