Detrás de la tradición que señala el origen histórico de las fallas en el hábito gremial de los carpinteros de quemar el “parot” o candil invernal, junto con la maderada inservible, en la limpieza primaveral del taller, el día del patrono San José, está la idiosincrasia de los valencianos, el rasgo antropológico característico que es su capacidad para la sátira, su gusto por ella y su destreza en su ejercicio, como la causa que derivaría en la plasticidad satírica y jocosa de los “ninots”, de las fallas.
¿De dónde le viene al valenciano ese espíritu satírico? Seguramente de la mixtura que estuvo en el origen de su configuración como pueblo, tras la Conquista, con cristianos, judíos y musulmanes, conversos o no –antes de la expulsión–, en efervescente convivencia confrontada, en choque e intercambio de costumbres y pareceres.., caldo de cultivo de la esgrima crítica, y a la que, todavía, asentándose la sociedad del nuevo Reino, en conformación de su carácter, le alcanzó de lleno el acento del Renacimiento, que acabó de promover una sociedad abierta de costumbres y ligera de lengua... para la crítica y la sátira.
“Cegos” y “col.loquis”
Por ejemplo, mientras las “coplas de ciego” eran en el resto de la España medieval repertorio de leyendas, magias y fantasías.., la “cantá de cegos” valenciana consistía en satíricas alusiones dirigidas a personas y personajes, crítica local y social, crítica de la autoridad.
Y eran pieza imprescindible en las populares “festes de carrer” de la ciudad, así como los “col.loquis”, monólogos de mordaz y desvergonzada sátira, que llegaron a convertirse en verdaderas piezas teatrales –¿antecedente del sainete?–, donde, como recuerda Vicente Vidal Corella en su crónica La Valencia de otros tiempos, llegaron a rivalizar escritores famosos, como el notario del setecientos Carlos Ros.
Hablando del cultivo de la sátira, desde bien antiguo hay que anotar, por ejemplo, en el siglo XV, la poesía sarcástica de Bernat Fenollar y su, digamos, escuela de poetas de verso desenfadado y de segunda intención. Hasta en las más altas cotas de nuestra literatura encontramos trazos de carácter satírico. Manuel Sanchis Guarner, en su Ciutat de València dice que en el Espill de Jaume Roig, “per damunt el tòpics misògins medievals, hi ha una animada i terrible pintura de la societat”. Sátira...
“Perots” y otros monigotes
Apunta Vidal Corella como parientes de los “ninots” falleros los “perots de michan Cuaresma” que se situaban en Alcoi en los balcones de las casas “con picantes alusiones”, también los “ninots del anunci” en Morella, “colocados, con curiosas escenas, en las fiestas sexenales”, o el “vell y la vella”, pareja de “ninots” en las calles de Picassent. “Otros ‘ninots’ se citan –dice Vidal– con diversos nombres, como eran los “pablos”, peleles rellenos de paja, serrín o salvado, de formas grotescas parecidos a los “judas” de otros lugares, que eran quemados en la noche del día de Gloria...
Pero, en mi parecer, el antecedente del “ninot” fallero habría que buscarlo en el gran carnaval medieval-renacentista de Valencia, en el cual, hay tradición oral de que las cuadrillas populares utilizaban frecuentemente monigotes disfrazados como representaciones de quienes se quería hacer burla y crítica.
En su dietario de 1677, mosén Joan Porcar, capellán de la iglesia de San Martín, dice que “los studiants feren una maixquera ridícula com ells acostumen disparatada que donaren que riure a tots”.
Aquella capacidad y vocación por la sátira y la crítica, que se disparaba en cuanta ocasión daba lugar, estaba en el sustrato antropológico de los valencianos, como rasgo característico, decantado de los años de su formación como pueblo desde variopintas raíces y lances que le dieron un intrínseco criticismo como rasgo peculiar, aguzado por su inveterado e impenitente ejercicio.
Si no hay ocasión, se busca..., debieron pensar los primeros que tras sacar a la calle el “parot” innecesario por el alargar del día, primero lo quemaron para deshacerse de él, e, inmediatamente, vieron la ocasión de “vestir” el “parot” y ponerle “cara”, quizás con una careta del pasado Carnaval, una máscara del mismo, y parieron el “ninot” y la falla “prehistóricos” echándole —como no podía faltar siendo de aquí la ocurrencia– sátira, crítica y fiesta embromada...