CÉSAR RUS
Cyrano de Bergerac.
Obra de F. Alfano.
Palau de les Arts, 11 de febrero de 2007.
Director:Patrick Fournillier.
Intérpretes:Plácido Domingo, Sondra Radvanovskym A. Chacón Cruz.
CRÍTICA DE música
Hacía más de treinta años que Plácido Domingo no intervenía en una ópera escenificada en Valencia. En esas tres décadas el tenor se ha convertido en el protagonista de una de las carreras más impresionantes de la historia de la ópera, alcanzando hitos y cifras titánicas. La mayor y más grata sorpresa al escuchar la interpretación de su
Cyrano de Bergerac
fue el comprobar que la voz sigue en un sorprendente estado de forma en un papel que, si bien no está dentro de los más comprometidos del repertorio, es de notable dificultad; todo el peso de la obra recae en el tenor que se enfrenta a un auténtico reto de resistencia. Domingo demostró que su voz sigue conservando gran parte de su potencia y frescura tímbrica, por otra parte no se aprecian rupturas en el registro. A eso hay que unir su carisma y sus dotes de actor (es una auténtico animal escénico) en esta ocasión al servicio de un papel teatralmente tan agradecido como es Cyrano. Así pues, el tenor sigue estando a la altura de su leyenda.
A su lado resplandeció Sondra Radvanovsky como Roxane, con voz potente de timbre algo oscuro y un soberbio control de los reguladores. Su intervención en el tercer acto le mereció la ovación del público. Menos convincente resultó el Christian de Arturo Chacón-Cruz con voz no particularmente grata, aunque en su defensa hay que decir que no es nada fácil ser tenor y cantar al lado de Plácido Domingo.
El coro y la orquesta, a las órdenes del siempre competente Fournillier, respondieron con brillo. La partitura de Alfano, sin ser una pieza maestra, es de enorme interés y calidad. En muchos aspectos supone una evolución del lenguaje musical de Puccini o Respighi y tiene el mérito de no incurrir en un amaneramiento del verismo.
La propuesta escénica de Znaniecki es elegante y atractiva escénicamente. El núcleo de la escenografía lo constituye una sencilla estructura cilíndrica abierta que permite crear la mayor parte de los espacios necesarios. Muy bella resulta la escena del balcón gracias al íntimo clima creado por la iluminación y el cromatismo escogido. Hay que lamentar, eso sí, que los cambios de escena (por las circunstancias del edificio) fuesen tan lentos, obligando a un entreacto entre los actos tercero y cuarto; el descanso fue más largo que el último acto.