Chelva usa un palacio del siglo XI para almacenar pollos y material de obra
El edificio fue cedido al Ayuntamiento por una fundación y presenta un estado lamentable
Nunca hubiera pensado el vizconde de Chelva en qué se iba a convertir el palacio en que residió. Erigido en el siglo XI, ha sufrido numerosas remodelaciones hasta convertirse en un almacén donde todo cabe. Además, durante las fiestas de San Antón, una de las salas del primer piso se llena de centenares de pollos vivos.
Siglos atrás enormes cuadros adornaban las paredes del palacio de Chelva, la valiosa cerámica valenciana se dejaba ver por doquier y la nobleza deambulaba por sus salas con soberana altivez. Hoy en día, la azulejería comparte espacio con material de construcción y algunos de los recintos se utilizan como una improvisada granja, ya que durante las fiestas de San Antón se almacenan los centenares de pollos vivos que más tarde se regalan a los vecinos.
Diez siglos han pasado para que se produjera la gran metamorfosis del palacio vizcondal de Chelva, declarado Bien de Interés Cultural. De su etapa como castillo y residencia señorial poco queda a la vista.
Mientras el Ayuntamiento, que actualmente cuenta con la cesión del palacio, y la Fundación María Antonia Clavel, propietaria del inmueble, se enfrentan por ver quién tiene la obligación de restaurarla, el histórico edificio está sumido en una profundo deterioro.
La falta de cristales en las numerosas ventanas ocasiona que las palomas se encuentren en el palacio como en su propia casa e inunden con sus corrosivos excrementos todas las estancias del edificio. El viento y la humedad que ocasiona la lluvia se encargan del resto: vigas carcomidas, azulejos destrozados bóvedas enmugrecidas y polvo, mucho polvo. Este es el triste panorama que presenta en la actualidad el inmueble.
Señales de tráfico
A todo ello se le une su vertiente de almacén. Sacos de arena, andamios de obra, señales de tráfico y un largo etcétera de material que en este edificio siempre han tenido cabida.
El palacio es propiedad de la Fundación María Antonia Clavel, que gestiona el patrimonio de esta benefactora ya fallecida. Hace un lustro firmó un contrato de cesión con el Ayuntamiento de Chelva para que este se hiciera cargo de la restauración del palacio a cambio de que pudiera disponer del inmueble durante 30 años.
Una vez que el alcalde, José Cervera, estampó su firma en el documento nada más se supo de la restauración. El tiempo pasaba y el palacio seguía degradándose.
En la actualidad, la citada fundación, en vista que el Ayuntamiento no ha restaurado el inmueble, ha exigido que se rompa el contrato de cesión que había firmado dado que el objetivo no se había cumplido.
La justificación del Consistorio no es otra que la poco boyante economía municipal. A esta situación se une la imposibilidad de conseguir subvenciones de la Generalitat, ya que el Consell exige una cesión de 50 años para amortizar la inversión.
Todos estos motivos han llevado al Consistorio a desistir en cumplir una obligación a la que se comprometió. Pero hay una razón en concreto que ha encendido la luz del alcalde: el cuantioso poder adquisitivo de la fundación.
El alcalde considera que, ya que la fundación posee dinero suficiente para acometer una rehabilitación que el edificio está pidiendo a gritos, “debería ser ella la que se encargase de llevar a cabo la restauración del palacio. Además, he consultado con la Conselleria de Justicia si esta operación es legal y me han contestado que sí”, explicó Cervera.
Pero en medio de este tira y afloja la víctima siempre es la misma: el palacio vizcondal, que se degrada a gran velocidad. Fiel reflejo de los cambios históricos de la villa, el edificio muestra una variedad de estilos arquitectónicos que poco a poco van desapareciendo bajo el polvo.