La Casa del Sol i la Lluna de Benissa es un oasis en medio del desierto para los más de 400 jóvenes de entre 13 y 22 años de la Marina Alta que pasan por sus instalaciones cada mes, sólo, durante los fines de semana.
Un rayo de luz que se presenta como un segundo hogar cálido donde la noche asoma en un espacio íntimo, libre de humos y malos hábitos en el que todos son iguales pues sus cimientos se han construido a través de la igualdad entre las diferentes confesiones religiosas y las múltiples culturas que conviven en la comarca.
El Cuarter Vell de Benissa y antiga Casa dels Feliu (siglo XVII) conserva la belleza señorial que caracteriza el casco histórico de Benissa, no obstante, cada uno de sus rincones alberga los últimos avances tecnológicos de nuestra época.
En la Casa del Sol i la Lluna no se permite fumar ni beber alcohol, en cambio los adolescentes cenan y se toman un refresco por sólo tres euros en una coqueta cafetería que queda justo en la entrada de la planta baja del edificio.
La responsable de las instalaciones y coordinadora de ocio positivo, María José González, no titubea cuando afirma que “confía plenamente en los chavales”.
De hecho, muchos de ellos acaban convirtiéndose en voluntarios que la ayudan los fines de semana en la cafetería o en las actividades que allí se organizan, una visión de la juventud que brilla por su ausencia en estos tiempos de violencia en las aulas, agrega la responsable del centro de ocio.
María José lamenta que en demasiadas ocasiones, los institutos o colegios se convierten en el caldo de cultivo de pequeños grupos herméticos, un concepto que desaparece en cuanto los jóvenes entran por la puerta, “aquí coinciden y dan el primer paso para entablar conversación”, explica mientras señala la mesa en la que haya sentada.
Discoteca light
Pero hay más, en la Casa del Sol y la Lluna, cada fin de semana y también durante los festivos los adolescentes disfrutan de las películas que allí se proyectan, bailan en la disco light o participan en los talleres programados para ese mes.
Entre las dos plantas de la Casa del Sol y la Lluna se reparten la sala de juegos y también la de los cojines donde los chavales escuchan la música que les gusta o bien se conectan a internet.
La responsable detalla, satisfecha, el contenido de las diferentes secciones de la casa, al tiempo que apunta que ésta “no podía quedar obsoleta en dos años” por lo que desde la Fundación Abargues, impulsora la Casa del Sol y la Lluna, se decidió apostar de buenas a primeras por dotar al edificio con todo lo que “los jóvenes pudieran necesitar para un correcto desarrollo de sus capacidades”. La misma fundación se encarga de sufragar los gastos derivados de los sueldos de los trabajadores y también los del mantenimiento de las instalaciones, aunque María José admite que uno de sus objetivos es que el Ayuntamiento de Benissa participe económicamente en los gastos así como conseguir una serie patrocinadores tanto del sector público como privado para desarrollar las actividades.
Una emisora de radio
Otro de los puntos que se han propuesto abordar próximamente es poner en marcha de forma estable y continuada la pequeña emisora de radio de la Casa pues actualmente gozan de las instalaciones pero no están siendo utilizadas.
Esta aventura empezó el 27 de mayo de 2005 cuando las hermanas Ana y María José, de la orden de las Franciscanas de la Inmaculada, engendraron junto a Víctor Cortizo, director del departamento de Pastoral de Juventud en la Conferencia Episcopal una idea: crear un punto de encuentro donde los chavales absorban los valores de la amistad, la tolerancia y la responsabilidad en un ambiente plural y con todos los medios al alcance de la Fundación Abargues. Un proyecto comparable con La Casa Encendida de Madrid.