Domingo, 4 de febrero de 2007
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EDICIÓN IMPRESA

Valencia
MaríaLuisa Merlo
Respiremos tranquilos porque la actriz valeciana, residente en Madrid, por fin se siente “valenciana de lujo”
Respiremos tranquilos porque la actriz valeciana, residente en Madrid, por fin se siente “valenciana de lujo”
texto: ramón palomar ilustración: e. hormigos

uf amigos, vaya tela, no se imaginan el peso que me he quitado de encima y la profunda paz mental que he logrado, el hondo sosiego que he conseguido, al conocer que por fin se ha hecho justicia con esa gran dama de las tablas, el cine y la televisión, llamada María Luisa Merlo, una mujer que por fin se siente, tras presentar la obra Jo, Leonor en la sede del PSPV en Blanquerías junto a Pla y a Carmen Alborch, “valenciana de lujo”. Sí, queridos lectores dominicales, porque yo, al igual que seguramente la mayoría de ustedes, padecía un sofoco que en ocasiones me impedía incluso... pues incluso respirar, ya digo.

Y yo, como la inmensa mayoría de ustedes, conste que tengo las paredes de mi habitación decoradas con fotos de María Luisa en diferentes actitudes, poses y edades; así, tengo clavada gracias a unas rústica pero nobles chinchetas a María Luisa disfrazada con trajes de época de Cifesa, a María Luisa en plan vampiresa de los setenta, homenajeando aquel tiempo en el cual estaba felizmente desposada con ese otro actor de infinitos registros y mejor persona que responde al nombre de Carlos Larrañaga, y a la María Luisa madurita de sus participaciones televisivas.

Sí, estimados lectores, todos somos aquí fans fatales y acérrimos de María Luisa Merlo y nos arañábamos la cara durante las largas noches de insomnio mientras nos reconcomía la apestosa envidia que se precipitaba contra su honrada y sensata cabeza coronada por ese flequillo oxigenado y algo desmochado. Pero se acabó, ahora por fin podemos descansar, se terminaron esas cartas de protesta que le enviábamos a los directores de los periódicos para lamentarnos ante semejante situación, finalizaron esas masivas llamadas que colapsaban las centralitas de las emisoras de radio y que reclamaban un tratamiento honorable para la excelsa actriz que tanto nos hace vibrar: María Luisa Merlo, repito, por fin se siente “valenciana de lujo” y por lo tanto ya podemos relajarnos. No sé si se podrá reparar el daño la que la ha sometido la repugnante derechona durante estos últimos años, qué digo años, ¡lustros!, pero bueno, nunca es tarde si la dicha es buena...

Sin distinción
Pero claro, hombre, si nos detenemos un instante para pensar siquiera un poco forzando nuestras arrasadas neuronas, al fijarnos en esta valenciana de nacimiento que siempre ha vivido en Madrid (está en su derecho, faltaría) y de la que sobre todo conocemos su pasado inmediato por abanderar causas tan estrepitosas e inocentes e imparciales como sus actuaciones en calidad de artista invitada en los celebrados vídeos de Hay motivo y Adéu PP , o en aquella verbena de escasa participación (seamos piadosos) plantificada en la puerta de Canal Nou para expresar el rechazo hacia la línea editorial de aquella casa (línea editorial que no corresponde con la suya, claro), descubrimos que esta prima donna del teatro dotada de una mirada un tanto perdida se queja porque la Generalitat otorga las distinciones 9 d’Octubre a artistas que ni tan siquiera “son valencianos”.

Cojones, ésta sí que es buena. Que una actriz progre efectúe un ejercicio de xenofobia tan exacerbado en nombre de la pura raza valenciana, la verdad es que me escandaliza un tanto. Ignoraba yo que era requisito indispensable poseer valencianía de pura cepa para recibir semejante galardón, y que en caso de no demostrar mediante rigurosa prueba de ADN los ancestros necesarios, reglamentarios, los merecedores del premio no pudiesen optar a él. Andamos todos intentando quebrar el nacionalismo de boina, la pequeña cueva de cavernícolas, el terruño donde se excluye al forastero porque entendemos que la tendencia nos traslada hacia una Europa unida donde se evaporen las fronteras y donde fructifique el mestizaje, y esta buena mujer arroja una pedrada de corte cerril que supone un claro retroceso, una evidente involución.

Vale, María Luisa, asestado brillante, si por ti fuese vigilaríamos la pureza de la raza y todas esas majaderías, pero me permito recordarte que los valencianos, de nacimiento o adopción, da igual, los valencianos que vivimos aquí todo el año y que no soltamos memeces cuando estrenamos una obra para atraer el público, somos gente tolerante, abierta, permisiva y dicharachera, es lo que tiene vivir a orillas del Mediterráneo.

Pero cuando más adelante seguimos averiguando el motivo del resquemor de alguien tan presuntamente enrollado como María Luisa, vaya, nos topamos con que le pica cantidad que jamás la hayan invitado a una ceremonia de entrega de premios en el Palau de la Generalitat, y eso que se había rebajado llamando para pedir una invitación, que para algo ella es María Luisa, la del clan Merlo y bla, bla, bla, porque aquí son todos muy guays, pero luego el rollo del linaje aristocrático teatral, el clasismo de vedette, lo ventilan a la menor ocasión. Y lo chocante es que la tía se rebajase vía teléfono, y empleo esta palabra a propósito, porque a uno nunca se le habría ocurrido llamar a algún sitio para le inviten, se me antoja de una falta de dignidad apabullante.

No me imagino yo al genial Ismael Merlo, puro talento, este sí, urdiendo tales maquinaciones y tejiendo tales mezquindades. Naturalmente, también le duele, porque lo de esta señora sumergida ya en el histrionismo típico de las viejas glorias del teatro, el que no le hayan concedido nunca el galardón. En fin...

Sobran las palabras... Si acaso añadir que me entristece ver a mi admirada Carmen Alborch junto a la manifiesta decrepitud de María Luisa Merlo, pues en cierto modo me recuerda a cuando el PP sólo podía exhibir a su vera a Norma Duval como si fuese el intelectual del grupo. Si el PSPV sólo puede lucir a la Merlo, estamos apañados, aunque yo espero que no, seguro que acuden otros de mayor calado al rescate, hace falta. En cualquier caso, voy a quitar las fotos de María Luisa que decoraban las paredes de mi habitación y en su lugar pondré otras de Angelina Jolie. Me vendo al cochino capitalismo.

de frente y de perfil

 
Vocento

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