Cuando un aparato electrónico se averiaba, él lo reparaba. Desde una edad temprana, sus manos se anunciaron como su mejor arma para el futuro. Todos en su familia cosían. Él siguió los pasos de su padre
Cuando un aparato electrónico se averiaba, él lo reparaba. Desde una edad temprana, sus manos se anunciaron como su mejor arma para el futuro. Todos en su familia cosían. Él siguió los pasos de su padre
un chip por aquí, un circuito por allá, ahora lo unimos con un cable... esta radio ya funciona. Las manitas de ocho años de Alejandro eran un prodigio de la electrónica. El niño destripaba todos los aparatos que pillaba pero es que después de pasar por sus manos funcionaban mejor. La familia estaba encantada, ¿qué algo no iba bien? Allí estaba el pequeño para repararlo.
Todo genio debe tener un laboratorio donde llevar a buen término sus inventos. “En mi casa, en Gandia tenía una casita de madera en el jardín con el espacio justo para mi amigo Javier y para mí. Allí nos pasábamos horas y horas, investigando, desmontando, creando”, explica el diseñador. La electrónica era el juego de la infancia de Álex Vidal a pesar de que su familia era por sí sola un gremio de sastres y modistas. “Mi padre era un modisto de alta costura. Viajaba constantemente y en ocasiones yo me iba con él a París a ver desfiles. Por otra parte, estaba mi madre y mis abuelas que también cosían”, explica.
Dejando su linaje de aguja y dedal aparcado, el joven Álex durante su adolescencia sólo pensaba en unir cables para crear instrumentos así que se matriculó en Ingeniería Electrónica. “A falta de dos asignaturas para finalizar ya estaba aburrido de la carrera. Me percaté de que no había creación, simplemente se unían elementos para que las cosas funcionaran”. Buscando la posibilidad de inventar volvió a sus orígenes y ahora es uno de los diseñadores valencianos más reconocidos. “La electrónica sigue presente en mis diseños. Hará ya unos doce años que empecé a utilizar la fibra óptica en desfiles y exposiciones”, asegura el diseñador.
Apasionado del mar
Álex Vidal es patrón de yate, título necesario para disfrutar de su pasión por el mar. “Mi único hobby es navegar. Tengo un velero al que me escapo cuando consigo un fin de semana libre. Se trata de convivir durante unos días toda la familia y de disfrutar del mar sobre todo de noche, cuando se pueden ver las estrellas”. El amor al Mediterráneo fue uno de los motivos que empujaron al diseñador a plantar las raíces de su empresa en la Comunitat: “No puedo vivir lejos de nuestro sol, de nuestra luz. Cuando regresé de estudiar en Europa, tuve muchas ofertas para crear mi empresa en Madrid, pero dije que no. Valencia es un buen lugar para trabajar y exportar moda al mundo. Colocamos unas 50.000 prendas cada año en el circuito internacional”, asevera.
Otra de las citas anuales de este valenciano es Sempere, un pequeño pueblo cerca de Xàtiva. Allí el diseñador pasaba los meses de verano durante su niñez a cargo de Pepica, una mujer de confianza de la familia. “Le tengo mucho cariño a ese municipio que debe tener unos 40 habitantes. Es entrañable ver como te recuerdan y como la gente te admira por eso de ser un poco conocido”, explica.
Álex Vidal ha hecho de su nombre una marca de calidad y una empresa con cerca de cuarenta empleados a su cargo. “Lo del tiempo libre no va conmigo. Contamos con tres secciones; importación, desfiles y diseño gráfico. Dirigir todo esto supone una gran responsabilidad”. Dice el modisto que sólo puede apagar el teléfono móvil cuando está en Suráfrica, México o Nepal, ya que desde tan lejos no puede solucionar los problemas que surgen en el día a día de sus tiendas. El valenciano es marca, gestor y un diseñador al mismo tiempo, un pluriempleo que le ha hace vivir situaciones cuanto menos curiosas. “En cualquier momento puedes verme por la calle, en una esquina dibujando en un bloc de notas gris que siempre llevo encima porque la inspiración llega cuando quiere”.
Para hacer honor a la verdad, el valenciano y la musa de la creatividad han hecho un pacto a miles de pies de altura. “En los aviones me vienen muchas ideas. Creo que es porque volar me relaja y sé que tengo tiempo y tranquilidad para dibujar”, explica. Esos bocetos de libreta pasan a ser patrones durante los fines de semana que el modisto dedica al diseño.
Su último arranque de inspiración lo presentó en la Pasarela de Carmen con éxito de público y crítica y bajo el título
Sueño Nepalí
. Sería un manitas con la electrónica pero visto lo visto en Prêt-à-porter apunta maneras de genio.