Sábado, 3 de febrero de 2007
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carta semanal del arzobispo
El Papa habla de ecología
En ocasiones hay quien afirma que la Iglesia está alejada de la realidad, que no está comprometida con su tiempo, que se encierra en cuestiones teológicas o muy particulares, olvidando los grandes temas que preocupan al futuro de la Humanidad. Quien así habla demuestra un gran desconocimiento de los múltiples pronunciamientos de la Santa Sede en foros internacionales como la ONU, la FAO, o las cartas del Santo Padre que aportan la luz de la Iglesia en un mundo repleto de contradicciones por algunas formas destructivas del desarrollo salvaje basado en el enriquecimiento rápido.

Un concepto inhumano de desarrollo industrial genera fricciones, conflictos y guerras porque no tiene inconveniente en admitir prácticas gravemente inmorales, como son la destrucción del ambiente, su uso impropio y egoísta, o el acaparamiento violento de los usos de la tierra.

En su último Mensaje de la Paz, Benedicto XVI aborda también la dimensión ecológica en la búsqueda de la paz. El reconocimiento de la ecología natural, humana y social, pone un sólido freno al afán de muchos por dominar y manipular tanto el medio natural como la propia corporalidad humana, tratándolas como objetos de usar y tirar. Una actitud irrespetuosa con el medio ambiente conlleva daños a la convivencia humana, y viceversa.

El verdadero desarrollo atiende a todos los aspectos de la ecología porque cuida la dimensión moral y religiosa de las personas y los pueblos, y no se limita al aspecto técnico o económico. Cuando se proponen modelos de desarrollo que no son integrales, que no abarcan todas las dimensiones del ser humano, se produce un crecimiento económico unilateral y, por tanto, se termina fomentando la capacidad destructiva del hombre.

En un lenguaje abierto a todas las experiencias de fe, Benedicto XVI señala que hay un nexo inseparable entre la paz y la creación, y la paz y los hombres, porque una y otra presuponen la paz con Dios. Y nos propone el ejemplo de San Francisco de Asís para reconocer que la paz con Dios genera una multiforme ecología de la paz que abarca a todas las criaturas, incluidos los decisivos momentos de dolor y de muerte por los que tiene que pasar todo ser humano.

La relación entre la ecología natural y la humana y social se hace fácilmente comprensible ante el problema cada día más grave del abastecimiento energético. Benedicto XVI recoge el dilema en el que hoy nos encontramos: la entrada con pujanza de nuevas naciones en la producción industrial ha incrementado las necesidades energéticas y ha provocado una competitividad sin precedentes ante los recursos disponibles. Como consecuencia, las regiones del planeta que viven aún en condiciones de gran atraso han visto bloqueado su desarrollo por la subida de los precios de la energía.

La exclusión de personas y pueblos de las vías de desarrollo siempre se ha transformado en una grave amenaza para la paz. Si la escasez de abastecimiento energético impone un desarrollo precario o una ausencia de desarrollo, se provocarán nuevas injusticias y antagonismos, frente a las cuales no sabremos cómo reaccionarán los excluidos de esta competición.

Sólo se podrá solucionar el problema de abastecimiento energético justo si se respeta el vínculo entre el respeto por la naturaleza y la necesidad de establecer entre los hombres y las naciones unas relaciones verdaderamente humanas, en las que siempre se está atento a la dignidad de la persona y sus derechos fundamentales, al mismo tiempo que sean capaces de satisfacer sus auténticas necesidades.

Hemos de respetar la dignidad humana en todas sus dimensiones: personal, comunitaria, cultural, económica, política, religiosa.

Quienes se preocupan exclusivamente de uno de estos aspectos y se olvidan de los demás, nunca conseguirán avanzar en el establecimiento de la paz. La paz es también fruto de un desarrollo verdaderamente humano, en el que nadie puede enriquecerse a costa de destruir el hábitat del ser humano y sus condiciones de vida.

Con mi bendición y afecto.

 
Vocento

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