Me gusta mucho Sé lo que hicisteis la última semana, ese programa de La Sexta donde Patricia Conde y Ángel Martín, entre otros, sacuden sin piedad a la gente de la telerrosa. Es un programa muy divertido. Me entero de muchas cosas. Y además, en general, sus latigazos son justos. No me extraña que sea el programa más visto de La Sexta, aunque sus espectadores seamos todavía cuatro gatos (seiscientos y pico mil gatos, para ser más exactos). Ahora bien, hay una cosa que me resulta francamente insoportable: las blasfemias. Sencillamente, no veo por qué Ángel Martín tiene que exclamar “¡la hostia!” para subrayar con rotulador de color cualquier lance del programa. Es una cuestión de estética: igualmente mal queda decir “coño”, “cojones”, “joder” o cualesquiera otras expresiones de esas que podemos llamar sicalípticas. Pero hay también una cuestión religiosa y cultural, evidentemente: esa expresión me hiere. Y si me hiere a mí, que al fin y al cabo soy un vomitable tibio, habrá que suponer que a otras muchas personas les hiere más todavía.
Sí, por supuesto, todos hemos hecho la ‘mili’ –seguramente Ángel Martín no– y todos hemos estado en la universidad –donde se habla peor que en los cuarteles–, de manera que nuestra sensibilidad ya está bastante encallecida. Pero es que no se trata de sensibilidad, sino de decoro. El decoro es importante. Sirve, entre otras cosas, para distinguirnos un poco de los cerdos. A propósito: ¿Ha pensado Ángel Martín en el efecto que tendría una blasfemia pareja en el ámbito musulmán, donde el cerdo es tabú? Si la semana que viene apareciera este muchacho diciendo que Mahoma era como el Paco Clavel del medioevo, ¿creen en La Sexta que nadie se sentiría ofendido? Naturalmente, eso no pasará: Ángel Martín es un hombre solidario.
En ese mismo programa, el equipo de Sé lo que hicisteis nos ofrecía, no sin escándalo moral, gruesas pruebas contra un programa de Antena 3 que había deslizado comentarios racistas sobre los gitanos en uno de esos rótulos que aparecen sobreimpresionados en pantalla. El reproche era muy justo. Ángel Martín estaba muy ofendido por ese programa de Antena 3. Y con razón: no se puede descalificar a nadie por su raza, no se debe discriminar a nadie por su religión, no es de recibo pisar los callos de la gente por su sexo, ni tampoco por sus creencias. Claro que no. Precisamente por eso conviene lavarse la lengua con un estropajo antes de salir a antena. También esto es cuestión de decoro, colegas.
JOSÉ JAVIER ESPARZA
EL INVENTO
DEL MALIGNO