Planteemos la cuestión de la forma más cruda y directa: TVE 1, primera cadena pública del país, prestó a la manifestación de este sábado en Madrid unatención informativa ostensiblemente mayor que a las otras manifestaciones, no menos multitudinarias, que han tenido lugar en la capital de España en los últimos dos años. ¿Qué diferencia objetiva había entre una manifestación y las otras? Única y exclusivamente, que la de este sábado la respaldaba el Gobierno y las otras, la oposición. Por consiguiente, la primera cadena pública de España ha considerado que una noticia protagonizada por el Gobierno es noticia, y otra noticia gemela protagonizada por la oposición no lo es. Y después dirán que se acabó la “televisión de partido” y que hoy en TVE reina la “pluralidad”.
Por supuesto, TVE 1 hizo muy bien en interrumpir su programación con el consabido avance informativo para dar cuenta de la manifestación del sábado: es una noticia que imperativamente hay que dar, porque no puede ocultarse al público un acontecimiento de primer orden para la vida pública. Y aún habría sido mejor adornar la crónica con atención detallada a las convocatorias que se producían en otros lugares de España. Lo que pasa es que, exactamente por los mismos motivos, TVE tenía que haber informado en su día, en similares términos, sobre las manifestaciones por la familia, contra la ley de educación o contra la negociación con ETA, y no lo hizo. En TVE sigue habiendo dos varas de medir que desacreditan cualquier intento de esa casa por aparecer como un servicio público; TVE sigue siendo lo que siempre ha sido.
Siempre es difícil exponer las cuestiones de principio sin que alguien niegue la mayor o te haga el abrazo del oso, pero vale la pena recordar aquellas cosas en las que se supone que todos estamos de acuerdo, aunque sea para constatar que tal acuerdo no existe. Veamos. Uno: las cadenas de televisión, públicas o privadas, tienen (todavía) una dimensión de servicio público que les viene dada por su propia existencia, lo cual aconseja que presten atención a la vida pública. Dos: sobre esa base, las cadenas privadas, por serlo, pueden optar por prestar mayor o menor atención a la vida pública y, asimismo, por hacerlo desde la orientación ideológica que libremente decidan. Tres: inversamente, las cadenas públicas, también por serlo, deben venir obligadas a prestar a la vida pública una atención primordial y, además, deben hacerlo tratando de reflejar de la manera más fiel y equilibrada posible la realidad social. Esperemos que TVE lo tenga presente en la próxima manifestación.
JOSÉ JAVIER ESPARZA
EL INVENTO
DEL MALIGNO