josé maría cuevas, presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE)
“El empresario que quiera ser alguien debe ser un negociador”
el presidente de la patronal española ha sobrevivido a los acuerdos más duros, a presionesy huelgas feroces y a varios gobiernos. hoy ve el mundo con calma y con una gran sonrisa
el presidente de la patronal española ha sobrevivido a los acuerdos más duros, a presionesy huelgas feroces y a varios gobiernos. hoy ve el mundo con calma y con una gran sonrisa
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inés molina
“Yo en los años 80 y 90 era un tío muy duro. Si vas a las hemerotecas puedes ver cómo me ponían: las caricaturas, los perfiles... Tenía que ser muy duro y lo que más me dolía es que me acostumbré”. Hay cierta tristeza en la sonrisa de José María Cuevas (Palencia, 1935) cuando habla de aquellos primeros años al frente de la CEOE. Los malos tiempos han pasado y este hombre, que se enfrentó denodadamente a los sindicatos defendiendo los derechos de los empresarios, recoge los frutos de años de arduo trabajo. Su relación con gobierno y sindicatos es correcta y el diálogo social vive un momento saludable, a grandes rasgos.
¿Qué ha ablandado a este profesional hoy relajado, que sorprende por su risa fácil, su charla amena y sus sonoras carcajadas? “El paso del tiempo. La realidad y las circunstancias cambian como cambian los motivos por los que nosotros teníamos que clamar en los 80 y en los 90”.
Recién acabada la carrera de Derecho, que compaginó durante algún tiempo con los negocios familiares en el sector de la alimentación, y tras su paso por el IESE, inicia una carrera docente en la Universidad Autónoma de Madrid de la mano de los profesores Ruiz-Giménez y Garrigues. Por entonces decide preparar oposiciones a Judicatura, pero eran muchos años de estudio y el corazón le llevó por otro camino: “Yo tenía novia desde el último año de carrera y me quería casar”. Comenzaba aquí su vinculación con empresas y organizaciones, en este caso del sector papelero. De ahí a la comisión gestora de la CEOE sólo hubo un paso, que dio en 1977, año del nacimiento de la confederación.
Un reto llamado CEOE
“Desde entonces, mi empresa ha sido la CEOE, a parte de aquéllas de las que he seguido siendo miembro del consejo de administración. Me hace mucha gracia cuando dicen: este señor nunca ha sido empresario. Hombre, por lo menos me he ocupado de que exista una empresa, ésta, que no ha entrado en suspensión de pagos”, comenta riendo.
Desde el principio, a José María Cuevas le toca lidiar con los más agitadores al hacerse cargo de la comisión de Relaciones Laborales. “Tuvimos un año y medio muy duro. Era el momento del despertar de los sindicatos. Marcelino Camacho y don Nicolás Redondo creían que al patrón había que sacudirle y de hecho bien que le sacudían”. Eran tiempos revueltos en los que los presidentes de sectores conflictivos como la construcción o el metal tenían que dormir en la sede de la CEOE
para escapar de las amenazas. Tiempos en los que una inflación del 20% marcaba los designios del país, en los que las huelgas llegaron a cobrarse 180 millones de horas de trabajo en un año... Limando asperezas, José María Cuevas se convirtió en un experto en acuerdos. “La clave es conocer a quien tienes al otro lado de la mesa y darte cuenta de hasta dónde puedes ceder y hasta dónde pueden ceder ellos”.
Pero no siempre es tan fácil: “A veces, la decisión que interesa es que haya conflicto. Se trata de que se produzca el menor número posible de conflictos irresolubles. Lo importante en los conflictos es enfriarlos”.
En este momento, Cuevas sintoniza con el concepto europeo de “flexiseguridad” laboral, sabia mezcla de flexibilidad y seguridad, y define sus relaciones con el actual gobierno como “cordiales”, aunque en el caso de María Teresa de la Vega, va más allá: “La vicepresidenta me atiende de maravilla”. Entre carcajadas explica: “Nos dicen que están encantados de venir y de que les demos de comer, aunque dicen que saben que no les vamos a votar. Eso tiene más mérito”.
¿Y en el futuro? “Si me da Dios la oportunidad, tiempo, ganas y aptitud —que espero me lo dé porque no he hecho muchas fechorías— me gustaría cumplir con mis compromisos y proyectar lo aprendido, aunque no sé dónde”.