Domingo, 14 de enero de 2007
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EDICIÓN IMPRESA

Valencia
Un avance sustancial
Hace unos años escribimos que la situación de crecimiento continuado de la producción citrícola española acabaría desembocando necesariamente en reclamar la prohibición de nuevas plantaciones, que ya era entonces lo que pedían los productores tradicionales.

Al margen de opiniones personales, que, como es lógico, ha de haberlas de todo color, desde instancias oficiales se señaló que eso de llegar a prohibir nunca podría ser, algo así como si en esto tuviera vigencia lo de prohibido prohibir. ¿Acaso hay libertad para plantar viñedos o tabaco, entre otras cosas?, ¿alguien puede convertir mañana su coche en taxi?, ¿cabe abrir una farmacia en la esquina que queramos? Casi todo está regulado.

Pocos meses atrás, cuando ya se veía venir lo que ahora tenemos encima, volvimos a insistir: sólo se podría justificar un marco de precios mínimos y de seguros de rentas, como piden las organizaciones agrarias, si se prohíbe plantar más y se convierte lo que hay en derechos de plantación, como en la vid ¿Se imaginan un sistema que cubriera los costes ante cualquier contingencia y sin tope de producción? Entrarían todos y se desbordaría el presupuesto.

Pero volvieron a decir desde instancias oficiales que eso de los derechos y las prohibiciones era utopía. Ahora ya no lo es, porque lo que se desborda es el tsunami de la producción, nadie sabe qué hacer con lo que sobra, y lo que aún está por llegar, incluido todo lo que se puede parar si el deterioro llega a tales extremos que acaba parándose la producción en el campo.

De manera que ya tenemos a los Gobiernos autonómicos de la Comunitat Valenciana y de Murcia, primera (con mucho) y tercera productoras, entre las regiones españolas, pidiendo que se prohíba plantar más cítricos en toda la UE. Ahora, lo que deparará, seguramente, el guión, es que Madrid y Bruselas repetirán que eso de prohibir no puede ser, y que si están estas medidas o aquellas.

Bueno, será también cuestión de tiempo hasta que lo asuman, pero está claro que la cosa llegará. Dependerá también de la habilidad que tengan –que hasta ahora es bien poca– los propios interesados-afectados para acertar a unirse y a defender sus argumentos con convencimiento.

Una cosa está a favor: no queda nadie sin convecerse de que la citricultura esta en un momento caótico e insoportable, ya no se oye a ningún ‘experto’ que se aventure a decir aquello de que ‘‘pues no estará tan mal cuando algunos siguen plantando’’. Ya han asumido que eso era simplemente el espejismo de una huida hacia adelante, que ahora hay que frenar.

 
Vocento

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