Hace cincuenta años murió el actor norteamericano Humphrey Bogart, víctima de un cáncer de esófago. Pero ‘Bogey’, el legendario detective privado con gabardina anudada, sombrero inclinado hacia adelante, frente arrugada, sonrisa enigmática y pitillo en el borde de la boca, sigue presente en las pantallas del mundo entero y continúa apasionando a los amantes del cine.
Gracias al director con el que más veces trabajó, John Houston, que le descubrió en 1941 en la película El último refugio, de Raoul Walsh, y le ofreció el papel del duro y poco escrupuloso detective privado Sam Spade en El halcón maltés, Bogart se convirtió en una estrella de Hollywood, una figura inigualable que encarnaba el ideal de lo genuinamente americano y cuyo rostro dio vida a uno de esos personajes universales creados para la gran pantalla: a Rick en Casablanca.
Casi sin guión
Casablanca, la película más popular jamás realizada, en palabras de Billy Wilder, se rodó improvisadamente, casi sin guión, presenta a un Bogart duro, de corazón volcánico y gesto helado, cuya manera de encender un pitillo y de compadecerse de los débiles sigue enganchando con la audiencia. Y es que era la primera vez que el actor se dejaba comprometer por una causa, nada menos que por amor, para perder a la mujer que ama sin convertirse automáticamente en un perdedor. Fue algo insólito, una vena romántica que lejos de dar al traste con la película, galardonada con tres Oscar, se convirtió en su mejor valor.
Reliquia de la historia del séptimo arte para mitómanos, cinéfilos e historiadores de cine que no olvidan la famosa escena del piano en el café de Rick ni el The End del filme, en el que el ambiguo gendarme encarnado por Claude Rains escucha sobre la brumosa pista del aeropuerto internacional como Rick vaticina que aquel final sería “el comienzo de una hermosa amistad”, Casablanca, que incluye la tarareada canción “As Time Goes By”, no contó con la presencia de la elegante Lauren Bacall, la cuarta y última esposa del actor, con el que compartió doce años de matrimonio, dos hijos y cinco filmes –Tener y no tener, El sueño eterno, La senda tenebrosa, Cayo Largo y Two Guys from Milwakee–.
Bogart, que según unos biógrafos, nació el 23 de enero de 1899, y según otros el 25 de diciembre de ese mismo año, es “uno de los mitos más sólidos del cine”, en palabras de Gonzalo Suárez, para quien este prototipo del héroe era “más que un actor, era una actitud ante la vida y la muerte”.
Hijo de un rico y reputado cirujano de Nueva York, la legendaria estrella se matriculó en Medicina, pero pronto abandonó los estudios para debutar como regidor teatral. Fue el productor William A Brady quien orientó su carrera hacia la actuación, donde interpretó numerosos papeles de galán joven y hastiado. No fue hasta 1935 cuando consiguió su primer éxito con El bosque petrificado, obra que ya había protagonizado en el teatro dos años antes con Leslie Howard.
Detractor de la Caza de Brujas de Hollywood, Bogart fue el partenaire de Ava Gardner en La condesa descalza y de Audrey Hepburn en Sabrina. El escéptico periodista deportivo de Más dura será la caída fue el último personaje de este “malo de pacotilla. Fue un malo frágil que gesticulaba constantemente, hasta que entró en el género negro con papeles de héroe.
Apasionado del mar y el ajedrez
Apasionado por el mar y el ajedrez, Bogart sedujo a millones de personas en todo el mundo por su mirada, su carisma y porque con su sola presencia daba sentido a todo lo que hacía. “Era un hombre sin fisuras al que le iba mucho el blanco y negro. Bogart fue un gran diseño de una época determinada”, dijo Gonzalo Suárez.
Coincidiendo con el cincuenta aniversario de la muerte del mítico actor Humphrey Bogart, el periodista Juan Luis Álvarez edita Bogart y Bacall: dos estrellas y un destino, que toma como eje a la legendaria pareja de Hollywood para descubrir además los gajes del star system a lo largo de setenta años.
Veinticinco años los separaban, pero el director Howard Hawks, en el rodaje de Tener y no tener en 1945, unió para siempre a una de las grandes parejas del Hollywood dorado: la formada por la primeriza Lauren Bacall, de diecinueve años y el veterano Bogart, de cuarenta y cinco.