el clima cambia, siempre está cambiando. Cambia todos los días; porque lleva más de 4.000 millones de años haciéndolo, jornada tras jornada, siglo tras siglo. El periódico LAS PROVINCIAS lleva 140 años haciéndose eco de ese imperceptible pero constante cambio: con sus medios, con la tecnología disponible en cada momento, el diario decano de Valencia ha estado al lado de sus lectores para ofrecerles, todos los días, noticia y pronóstico, análisis y consecuencia, comparación y consulta técnica, del estado del tiempo y del comportamiento del clima. Que se caracteriza, ahora y siempre, por estar en un constante proceso de cambio.
El diario LAS PROVINCIAS se ha hecho eco de todos los rigores, extremosidades y fenómenos de un clima que, hace 140 años, ya parecía haber enloqueciendo. Durante catorce décadas hemos contado inviernos muy fríos y veranos bochornosos, temporales que han traído crueles inundaciones y sequías terribles. A través de las páginas del periódico se podría comprobar la constante presencia de observadores populares, cuyo testimonio hemos trasladado, dispuestos a asegurar que “coses com estes no s’havien vist mai” o que “el temps està boig i està mundant-se”.
Días atrás dábamos cuenta de las borrascas de finales del lejano año 1883 que “
fueron precedidas y seguidas de un extraño fenómeno celeste, de un resplandor que sucedía a la puesta del sol, iluminando el cielo por aquella parte con fulgores rojizos, como nunca se había visto, y cuya causa no pudo explicar la ciencia, dando lugar a que la imaginación popular viese en ellos pronósticos terribles
”. No fue la primera vez, desde luego, en que los fenómenos del cielo llegaban a nuestras páginas: porque siempre, para el pueblo que padece las cíclicas extremosidades del tiempo, esta que ahora padezco es “una borrasca nunca vista”, “una helada terrible”, una “inundación devastadora como nunca habían vistos más mayores”. Lo cual no quiere decir ni que los redactores dejen de contar las percepciones de la gente, de la que forman parte, ni tampoco que el periódico haya vivido lo suficiente como para contar al menos quince “
heladas irrepetibles
” y una decena de “
inundaciones nunca vistas”
.
Enero de 1885 fue escenario de un frío espectacular que dejó los termómetros a seis bajo cero en la ciudad de Alicante. El periódico le llamó “
el gran nevasco
” y dejó anotado que causó
“enormes e incalculables perjuicios
”. El Almanaque de LAS PROVINCIAS escribió ese año: “
En 1842 cayó un nevasco bastante copioso. No volvió a caer nieve abundante hasta 1860. Pero, como ahora, nunca
”. Es ese enfoque el que caracteriza a los humanos: el que obviamente ignora las nevadas de 1543, 1592, 1600 o 1624, año este último en que se helaron el Turia y nada menos que la Albufera.
Los valencianos de 1885 sufrieron una gran nevada. Pero estaban todavía más inquietos por la tragedia del terremoto que había asolado media Andalucía y por los temores del cólera, que acabó llegando y matando a miles de valencianos ese mismo año.
“¡
Qué cuadro tan extraño y fantástico presentaba Valencia nevada”
, escribió alguien de la redacción en 1885. En 1914 volvieron a escribirlo y en 1956 sufrieron una helada terrible, que se enseñoreó por Europa entera. El año 1941 se inició con un frío terrible, pero era el mismo que sufrieron los pobres asediados en Stalingrado, que al mismo tiempo hizo sucumbir a las tropas de Hitler. En enero de 1960 nevó en la ciudad de Valencia y los fríos repitieron en 1973 y 1985. El año 1997 arrancó con un temporal de frío y nieve que ha quedado entre los de mayor intensidad.
Las riadas no son menos curiosas a la hora de observar la percepción de los ciudadanos y la sensibilidad de los periodistas. Y cómo la alianza de unas y otras fuerzas determina a veces el criterio de que las cosas del clima están cambiando, desde luego para mal, y desde luego por culpa de algo que los hombres hacen mal. En el Júcar hubo una riada terrible en 1897, que también hizo desbordar al Turia. El río de Valencia se desbordó en 1949 y 1957, con terribles consecuencias en pérdidas humanas y materiales. El “
nunca se había visto una cosa así
” se oyó una y otra vez, pronunciado por vecinos que aseguraban que algo estaba cambiando en el clima; las lluvias, muy copiosas, se asociaron a las que se padecían de vez en cuando en la India.
El río de Cullera, pronto hará 25 años, fue protagonista de una espectacular avenida: tan potente que superó y destruyó la presa de Tous. La imaginación popular, aliada con lo periodístico, aún induce a pensar que la riada se produjo porque se rompió la presa, y no al revés, lo que lleva a creer con error que si está construida la presa no puede repetirse la inundación. Porque está establecido con rigor el riesgo de repetición de inundaciones idénticas en los dos ríos valencianos y en todos los ríos del mundo.
El periódico, una y otra vez, ha informado y ha reflexionado, ha consultado a técnicos y ha expuesto la mayor cantidad posible de información fiable sobre estas materias. Las percepciones de la gran masa, sin embargo, siguen deseando ser llevadas por lo insólito y nunca visto hacia ámbitos de cambio climático espectacular de las que la humanidad pecadora es culpable.