Domingo, 14 de enero de 2007
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EDICIÓN IMPRESA

Mayrén beneyto
“He aprendido que un hombre no vale una lágrima de amor”
El Palau de la Música es su vida. Confiesa que la alcaldesa sólo descolgó una vez el teléfono para decirle: ‘‘Mayrén, soluciónalo’’. Cumplió la orden. El tema ‘hombres’ la pone en guardia. El trabajo le da más alegrías
El Palau de la Música es su vida. Confiesa que la alcaldesa sólo descolgó una vez el teléfono para decirle: ‘‘Mayrén, soluciónalo’’. Cumplió la orden. El tema ‘hombres’ la pone en guardia. El trabajo le da más alegrías

Parece una mujer de cóctel y jet, pero dicen que se desloma en el trabajo. Rompe estereotipos.
Me han educado para ser una mujer estupenda y saber estar. Pero para mí lo estupendo es el trabajo.

Sonríe siempre. ¿Cómo lo consigue?
Sonrío mucho porque en mi trabajo necesito ese envoltorio. En mi caso, además, es un arma de mujer.

Pero muchas veces debe estar enfadada. Y, sin embargo, sonríe.
Cuando entro en el Palau, por mucho que sonría, la gente de mi equipo sabe enseguida si estoy enfadada.

¿En qué se lo notan?
En mi forma de andar y de llegar al despacho dando órdenes.

¿Emplea a menudo el móvil?
Lo justo, sólo para las urgencias. Es muy impersonal. Me gusta ver la cara de las personas con las que hablo.

En ‘Gertrud’, la protagonista deja a los hombres cuando ve que anteponen el trabajo a ella. ¿Qué piensa?
Es una opción personal.

¿Los hombres le han hecho a usted ese mismo reproche?
He de ser sincera: cada vez que lo dejo todo por un hombre, me va mal.

¿Ha llorado por ese motivo?
He aprendido que un hombre no vale una lágrima de amor.

Llorar no está mal del todo.
Las lágrimas son fantásticas cuando están motivadas por la ternura.

¿Qué la llena más, que le digan que el Palau va bien o que sigue conservando una silueta de jovencita?
Soy muy presumida y me encanta que me vean guapa. Pero...

Pero el trabajo es lo primero.
Lo que más me enorgullece en mi trabajo es que digan que soy una buena gestora.

¿Es ahorrativa?
Soy ordenada. Llego a todo por el orden. Y ahí entra la economía.

Si nota despilfarro en sus colaboradores, ¿cómo reacciona?
Me enfado.

¿Chilla?
No. Simplemente digo: ‘‘Esto hay que solucionarlo rápidamente’’.

Insisto en lo de la silueta. ¿Qué hace, no come paellas ni toma whiskies?
No tengo tiempo para comer o beber. Pero el arroz me gusta mucho.

Con la edad se ganan kilos.
Yo peso igual que a los 20 años y sólo tengo un centímetro más de cintura.

¿Con Helga Schmidt habla más de mujer a mujer o de gestora a gestora?
De gestora a gestora.

¿Qué le gusta más de Helga?
Lo cerca que está de Zubin Mehta y Lorin Maazel.

Si el Palau de les Arts intentase fichar a su subdirector, Almazán, ¿se irritaría?
Lo entendería, porque dudo que haya alguien que entienda de ópera más que Ramón Almazán. Eso sí, lamentaría perder a un buen colaborador.

Usted ha hecho declaraciones que han originado alguna polémica interna en el PP. ¿La alcaldesa no le riñó?
Cuento con la aprobación de la alcaldesa. Buena es ella para callarse si algo no le gusta. Sólo descolgó una vez el teléfono para decirme: ‘‘Mayrén, soluciónalo’’.

Sí, me refería a ‘esa vez’ (tensión con el Palau de les Arts). ¿Lo solucionó?

Lo solucioné.

Si el islamismo radical se opusiese a algún acto del Palau de la Música y lanzase amenazas, ¿qué haría?
Continuaría haciéndolo.

El centenario de Concha Piquer. ¿Se ha hecho todo lo que se podía?

No. Pero aún estamos a tiempo. La Casa del Artista prepara un homenaje para la primavera.

Dejó adversarios doña Concha.
Doña Concha fue una mujer muy especial con una voz maravillosa.

¿Amaba lo valenciano?
Sintió a Valencia en los momentos difíciles, pero no siempre.

¿Qué cosas han hecho crecer emocionalmente a Mayrén Beneyto?
La familia. Estoy en la edad de pensar en los consejos de mis padres, respetar a mis hijos y mimar a mis nietos.

¿Muchos nietos ya?
Cuatro. La mayor, de diez años.

A Raphael, que tiene nietos, la palabra ‘abuelo’ le da grima.
A mí no. Como abuela, aprendo mucho de mis nietos.

Si no fuese por la música, habría más razones para volverse loco. Lo dijo Chaikovski.
La música te lleva a estar contigo mismo. La música nos serena y gratifica.

 
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