La sequía y las extracciones ilegales de agua minan la recuperación ambiental del Segura
Los vertidos contaminantes a la cuenca se han reducido, pero el caudal está bajo mínimos
La Confederación del Segura sigue inmersa en la carrera por mejorar la calidad del río hasta los índices que exige la directiva marco del agua, pero lo tiene difícil para cumplir los objetivos dentro del plazo, que acaba en 2015. Los vertidos se han reducido, pero la sequía y la sobreexplotación de recursos, incluidos pozos ilegales, son un lastre.
La cuenca del Segura acabó el año hidrológico 2005-2006 con 175 hectómetros cúbicos de aportaciones, lo que supone el tercer registro más bajo desde que se realizan mediciones y sólo superado por los años de la anterior sequía (1994-1996). La media histórica de los últimos 20 años es la peor que ha conocido la cuenca, pero la escasez de precipitaciones es un problema crónico de la cuenca y que no explica, por sí solo, el deterioro que sufre. Asociaciones ecologistas como Greenpeace revelan sobre calidad de las aguas los males que agravan aún más la falta de recursos hídricos: una sobreexplotación por las extracciones ilegales para dar de beber a nuevos regadíos no menos ilegales. De la corrección de estos males dependen las posibilidades de que la cuenca llegue a tiempo para cumplir con la directiva marco del agua dentro de plazo, es decir, en 2015.
La Confederación Hidrográfica del Segura hace hincapié en la significativa reducción de los vertidos contaminantes al cauce y la recuperación ambiental de muchos tramos de la zona más deteriorada, las Vegas Media y Baja. Pese a que los avances son incuestionables –hasta el punto de que se han organizado pruebas de pesca deportiva en el río a su paso por la ciudad de Murcia impensables unos años atrás– no es menos cierto que distintas asociaciones ecologistas insisten en que la calidad de las aguas ha mejorado más en apariencia que otra cosa.
El ejemplo que utiliza la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE) no puede ser más gráfico: ingerir un trago de forma accidental supone enfilar con urgencia el camino al hospital más cercano para hacerse un lavado de estómago por la presencia de elementos de elevada toxicidad como el cadmio, entre otros.
Caudal en la Vega Baja
En cualquier caso, los niveles de contaminación son muy distintos de unos tramos a otros. Las cristalinas aguas del curso alto del río nada tienen que ver con la cloaca en la que empieza a convertirse el río a partir del azud de Ojós, que se agrava sobre todo a su paso por la ciudad de Murcia y que una vez entra en la Vega Baja apenas se distingue el caudal de agua aprovechable del lodazal contaminante que la CHS tiene que retirar periódicamente del cauce para evitar los malos olores a su paso por las poblaciones del sur de la provincia de Alicante.
Los caudales medios que discurren por la Vega Baja tampoco tienen nada que ver con el curso alto del río y se sitúan entre los dos metros cúbicos por segundo de Jacarilla y los 300 litros por segundo en Orihuela, pasando por los apenas 20 litros por segundo en Rojales, si bien estas cantidades varían bastante en función de si los pozos de sequía están operativos o no.
La merma de caudal en la zona se produce porque los regantes del Juzgado Privativo de Aguas y de Riegos de Levante cogen agua del río a través de los azarbes de la Vega Baja. A pesar de padecer el tercer año de sequía, los agricultores han podido usar el 50% de los derechos que tienen asignados para mantener el arbolado. Estas exiguas cantidades, que según el organismo que preside José Salvador Fuentes-Zorita permiten mantener un caudal ecológico, no son suficientes a juicio de organizaciones como Greenpeace.
Un estudio sobre calidad de las aguas en los ríos españoles elaborado por este grupo ecologista concluye que la cuenca del Segura lo tiene muy difícil para cumplir los niveles que fija la directiva marco del agua, a pesar de que da de plazo hasta el 2015.
Cerrar pozos
El informe achaca la “deficiente calidad” de las aguas del Segura a la concatenación de irregularidades como robo de caudales –en superficie y subterráneos– que agravan el problema crónico de la sequía y, de este modo, también la contaminación. Otro lastre, y no pequeño, es la existencia de 60.000 hectáreas en el Segura que se riegan gracias a extracciones ilegales. Los ecologistas calculan que superan el millar a pesar de investigaciones como la que ha abierto la Fiscalía de Medio Ambiente de Madrid por el presunto robo de agua en la cuenca del Segura después de que colectivos como la Plataforma Pro-Río de Orihuela lo denunciaran hasta la saciedad.
Ante la actual situación, Greenpeace es partidaria de medidas drásticas y aboga por cerrar los pozos que alimentan los regadíos ilegales y que los caudales que están siendo robados se destinen exclusivamente para el consumo humano y la recuperación ambiental.
Greenpeace augura que si no se adoptan medidas para atajar este déficit estructural “tendremos una hecatombe social y económica”.