La fuente de las Tres Gracias, en versión helenística, presta rumor constante por los surtidores y en su entorno crecen con vigor cuatro plátanos de sombra, que citan periódicamente a los estorninos. De hierro colado, la fuente data de mediados del XIX y su primera ubicación fue la plaza de las Barcas, donde ahora comienza la calle de Pintor Sorolla. Las representantes de la Gracia, la Belleza y la Fertilidad recibieron pronto el bautizo popular, y la fuente es conocida por ‘la de los patos’, ni siquiera cisnes; ya que unos ánades son motivo ornamental en la taza donde se remansa el agua. A su alrededor, por la noche y con velones, las mesitas de Nederland siempre están solicitadísimas.
Es plaza muy grata, decimonónica, encanto que aprecian los huéspedes del hotel Astoria, emplazamiento histórico porque en sus orígenes fue el palacio de los Vilaragut, familia noble de linaje próximo a los monarcas valencianos desde Jaime I el Conquistador.
El palacio sufrió –como la mayoría de estos edificios el deterioro propio– y los jóvenes de la década de 1930 y especialmente de la posguerra, lo recuerdan como centro docente: sede de la Academia Castellano, en donde los chicos estudiaban el bachillerato del temible examen de estado para ingresar en la Universidad; y las chicas, cultura general, mecanografía y taquigrafía para ser secretaria de algún empresario o industrial. La vida.
En el solar de la Academia se alzaría el hotel de cuatro estrellas (del que se enorgulleció la ciudad), colocándose la primera piedra en 1955. Fue y es el hotel de los convites homenaje y el de las bodas, con un ceremonial acorde con los tiempos; también foro de debates y conferencias, como las que convoca Aula de Cultura LAS PROVINCIAS. Desde 1993 posee –al encristalarse– en la novena planta, la más hermosa terraza para contemplar campanarios y torres de la ciudad, desde el imponente Miguelete, cimborio catedralicio y Santa Catalina, al rococó del palacio Marqués de Dos Aguas.
En la plaza, sorpresa siempre para quien deambule por el centro urbano, llaman la atención los remates de fincas del XIX y comienzos del XX, destacando la estilizada cúpula de la Papelería Vila, que corona la hermosa fachada modernista (obra de Manuel García Sierra), con barandillas en los balcones que son pura filigrana de forja y adorno de azulejos inspirados en girasoles amarillos sobre fondo azul. Antañona y querida papelería, que superó el siglo y alcanzó la quinta generación, y aunque informatizó todo el trabajo de modelación especial para municipios, conserva largos mostradores de madera, columnas de fundición y escalera también modernista para comunicar con el altillo. Afortunadamente se respetó la estructura proyectada para el café Fornós, que se mantuvo desde 1905 a 1930.
En la memoria mercantil, queda la perfumería Viuda de Ferrero el Eclipse por tener la representación de dicho producto, hoy moderna peluquería; próxima a la popularísima armería Gabilondo, tan conocida por los cazadores como por los socios de clubs de tiro.
Tienda Versalles
Y en la acera opuesta, la exquisita tienda Versalles, que abrió sus puertas en 1940, ofreciendo antigüedades y joyas. Hoy, Asunción Galea –nieta e hija– dio un acertado cambio a la alta bisutería (en línea de joyas) y complementos para fiesta, de exclusivos diseños italianos. La trastienda es lugar para la charla amistosa, entre objetos bellos y exóticos.
En la esquina a la calle de Barcelonina, un comercio de lencería trae al recuerdo una de las primeras tiendas de moda ciudadana: Madame Germaine. El tiempo la borró, como borró el edificio de Ernesto Ferrer. Y se cerró La Bruja, una sala de baile elegante que pertenecía al Astoria, pero como un anexo, ya que se descendía hasta la pista; delicia entonces para los novios, hijos de papá, que podían abrazarse allá hacía mil novecientos sesenta, al son de románticos y lentos boleros. Canciones que los más atrevidos susurraban al oído de su pareja.
‘‘Reloj, no marques las horas, / porque voy a enloquecer. / Ella se irá para siempre / cuando amanezca otra vez... / Reloj, detén tu camino / porque mi vida se acaba.’’
Pero el reloj no obedeció. Sigue sin obedecer.