hace un decenio era una rareza. Hoy, el arte realizado con tecnología digital –grabados, serigrafías, fotografías, estampas y un inacabable etcétera– es habituales en museos, galerías y colecciones. El ordenador es una herramienta más –muy poderosa– en los talleres de los artistas, junto al tórculo, buriles, paletas y pinceles. Los cedés conviven con las planchas de cobre o la piedra litográfica. “La impresión digital es la penúltima revolución en el planeta del arte”, reconoce Javier de Blas, hasta hace nada en la Calcografía Nacional y ahora responsable de colecciones del Museo Reina Sofía.
Una revolución que amplía las posibilidades y formatos del arte impreso de forma tan insospechada como ilimitada. “Podemos imprimir lo que queramos en la superficie que queramos, de una piedra a un tejido, maderas, metales materiales sintéticos. Y podemos hacerlo en el tamaño que queramos, de un sello a un campo de fútbol”, asegura Juan Carlos Melero, creador digital, coleccionista de estampas digitales y director técnico del departamento de I+D en la Estampa Digital de Calcografía Nacional.
Con Javier de Blas al frente de la Calcografía se creó en 2000 el departamento en el que trabaja Melero y por el que han pasado 150 creadores para descubrir, experimentar o profundizar en la técnica digital. Desde veteranos como Luis Gordillo, Rafols Casamada, José María Sicilia o Soledad Sevilla, hasta jóvenes como José Manuel Ballester, Pedro Calapez, o Raúl Díaz. Calcografía concede el premio Nacional que se llamó de Grabado y es ahora de Arte Gráfico para dar cabida a la creación digital. En 2005 fue para dos productos digitales de Darío Urzay y Pedro Calapez.
Sobre cualquier material
Sus obras digitales se pueden imprimir hoy sobre cualquier papel o tejido, un guijarro, un vidrio o una plancha de aluminio. Sobre aluminio se imprimió, por ejemplo, el gigantesco mural que Javier Melero estampó para la estación del metro de la Alameda de Osuna en Madrid, o los que realizó con su hermano Juan Carlos para las de Pinar del Rey y Hortaleza.
La Calcografía, que atesora planchas originales de grabados de Goya, vigila con el mismo celo los cedés y deuvedés que son las matrices digitales de las estampas contemporáneas hechas con unos ordenadores que son en sí mismos talleres de creación.
“Como las ediciones tradicionales, las digitales se firman y numeran las copias. La matriz calcográfica –antes una plancha de cobre, por ejemplo– está ahora en un disco fichado y numerado. Se guardan en la misma caja fuerte, con temperatura y humedad vigiladas, que las planchas de los Disparates, Caprichos o Desastres de Goya, o las de Fortuny o Madrazo”, explica Melero.
“Podemos imprimir una plancha con prensas y tórculos del XVIII, pero puede que en pocos años no tengamos lectores para los disquetes por el avance vertiginoso de la técnica”, señala Javier de Blas. “Es un problema. Quizá la Calcografía deba crear un banco de ordenadores y programas que garantice la lectura de las matrices y el futuro de estas obras”, propone.
Con todo, las nuevas técnicas “complementan a las ya centenarias”, dice Melero. “El ordenador convive en los talleres con el tórculo y los buriles, como el grabado convivió con la fotografía”. “Lo revolucionario es que permite al artista estampar sus ideas en calidades y materiales antes inimaginables”
En esta revolución ha sido crucial el
plotter
, las complejas y poderosas impresoras que no dejan de evolucionar. “Hasta ahora las máquinas estaban condicionadas por el paso de los materiales entre el cabezal y los rodillos. Ahora han llegado a las tres dimensiones. Se puede trabajar sobre madera, látex o cualquier elemento que reciba un chorro de tinta, y se puede también esculpir con cabezales que cortan papel o resinas” explica De Blas
Libertad técnica
“La gran aportación de la tecnología digital es que libera al artista de la técnica, aunque parezca una contradicción. Hasta ahora, conocer la técnica era determinante para la estampación. Ahora o se tiene algo que decir o no hay nada que hacer. Si no hay idea, no hay técnica en la que refugiarse. El artista está ante la nada. Sólo maneja una aplicación informática que está al alcance de un niño”, resume de Blas.
¿Qué tal acepta el mercado tanta innovación? “Como todo lo nuevo, con ciertas reservas. Pero crece la demanda y se vencen los recelos de quienes creían que esto era fotocopias de alta calidad”, apunta Melero.