Domingo, 31 de diciembre de 2006
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Valencia
ETA reaparece con un potente coche-bomba en el aparcamiento de la T-4 en Barajas
La policía busca a dos ecuatorianos desaparecidos, uno de ellos residente en Valencia, entre los escombros
ETA reapareció ayer en Madrid con un potente coche-bomba en el aparcamiento de la T-4 en Barajas. La policía busca a dos ecuatorianos, uno de ellos residente en Valencia, desaparecidos entre los escombros del edificio siniestrado. La banda terrorista avisó una hora antes de la colocación del artefacto.
La explosión del coche-bomba, de la que la banda alertó una hora antes mediante tres llamadas telefónicas, provocó el hundimiento de parte del aparcamiento del edificio de la T-4 y el pánico entre miles de pasajeros que se vieron afectados por la onda expansiva, el humo y una lluvia de cristales, que causaron lesiones leves a unas 19 personas.

La rápida actuación de la Policía Nacional y de la Guardia Civil tras el aviso, que lograron acordonar el perímetro del aparcamiento antes de la explosión, evitó una tragedia, aunque los agentes investigan la desaparición de dos ecuatorianos y los busca entre los escombros del edificio siniestrado. Se trata de Diego Armando Estacio Sivisapa y de Carlos Alonso Palate. Este último trabajaba en Valencia desde hace cinco años, como informamos en la página 8. Ambos esperaban en sus coches a otras personas que habían ido a recoger a familiares que llegaban en vuelos de Sudamérica.

El Gobierno activó la alerta máxima entre las fuerzas de Seguridad mientras la Policía investiga los restos del coche-bomba -que podía contener unos 200 kilos de un explosivo aún por determinar-, revisa las cintas de las cámaras de seguridad del aeropuerto e investiga las llamadas de reivindicación realizadas desde San Sebastián, para tratar de dar con pistas que conduzcan a la identidad de los terroristas que cometieron el atentado.

Llamadas
Las primeras indagaciones apuntan a un comando legal (formado por terroristas no fichados por la Policía) llegado ex profeso desde el País Vasco, que habría depositado la furgoneta en el aparcamiento el viernes o el mismo sábado y que abandonaron Madrid antes de que se produjera la explosión.

El primer aviso que alertó de la colocación del coche-bomba se produjo a las 7:55 horas, según explicó en rueda de prensa el Ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Un comunicante anónimo, que en ese momento no dijo hablar en nombre de ETA, llamó al teléfono de DYA de Guipúzcoa (asociación de ayuda en carretera) para avisar de que una furgoneta Renault Traffic iba a hacer explosión a las nueve de la mañana en uno de los estacionamientos de la Terminal 4 de Barajas. El terrorista, un varón “entrado en edad” que se mostró muy nervioso y que hablaba en castellano, comunicó que la camioneta era de color granate y precisó la matrícula (6405-DKY) para facilitar la localización, aunque se equivocó en algún número de la placa.

A las 8:05 horas, al parecer el mismo etarra, repitió idéntica llamada a un teléfono poco habitual, el del Parque de Bomberos de Madrid. Una tercera llamada se recibió a las 8:30 horas en SOS-Deiak de Guipúzcoa. El comunicante anónimo insistió en que el aviso “iba en serio” y, esta vez sí, se identificó como miembro de ETA. Añadió que sería un “grave error” intentar desactivar el artefacto, ya que la bomba era de “gran potencia”.

Un gran incendio
SOS-Deiak y DYA comunicaron el aviso a la Ertzaintza, cuyos responsables, a su vez, se pusieron en contacto con la Secretaría de Estado de Seguridad. Los bomberos, por su parte, alertaron a la Sala del 091. En cuestión de minutos lograron desalojar los seis edificios de garajes con los que cuenta la nueva terminal de Barajas y sus inmediaciones, donde había decenas de personas entre viajeros, trabajadores aeroportuarios y taxistas a la espera de clientes.

Los agentes localizaron la furgoneta, estacionada entre los módulos C y D del aparcamiento, aunque la hallaron sin margen para intentar desactivar el explosivo, por lo que optaron por esperar que venciera el plazo indicado por el comunicante anónimo.

Efectivamente, a las nueve en punto, una “explosión muy potente” -en palabras del ministro del Interior- sacudió los cimientos de los dos aparcamientos. La deflagración, que se dejó sentir bajo tierra (hasta en las obras de los túneles del futuro Metro que llegará a la T4), afectó de lleno a la decena de miembros de antidisturbios de la Policía que acordonaban la zona. El estallido provocó primero un gran incendio (que tardó varias horas en ser sofocado) y una gran columna de humo negro, visible desde la zona noreste de la capital.

La onda expansiva, que tuvo más potencia al extenderse en horizontal, y no vertical como es habitual, afectó a más del 60 por ciento de los forjados del edificio D y provocó el hundimiento total o parcial de cinco plantas de ese parking, destinado sobre todo a coches de alquiler. Asimismo una lluvia de cristales salpicó el edificio de la cercana terminal, abarrotada de pasajeros en ese momento. Como consecuencia de la explosión, 24 personas fueron atendidas por el Servicio de Urgencias Médicas de Madrid, que instaló en la zona dos unidades avanzadas. Cinco personas fueron tratadas de ansiedad y 19 por diferentes heridas.

 
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