Sábado, 30 de diciembre de 2006
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EDICIÓN IMPRESA

carta semanal del arzobispo
Benedicto XVI, trabajador por la paz
Una vez más el Papa ha dedicado el Mensaje de año nuevo a reflexionar sobre la necesidad de que reine la paz sobre la faz de la Tierra y la labor que todas las personas tienen en esta tarea, y muy especialmente los cristianos. Se suceden los Papas, pero siguen elevando su voz para clamar por la paz. No es por ello de extrañar que Benedicto XVI recuerde palabras llenas de significado y acierto de su predecesor Juan Pablo II.

Benedicto XVI ha titulado su mensaje La persona humana, corazón de la paz, y dicho título ya revela el convencimiento del Papa de que «respetando a la persona se promueve la paz, y construyendo la paz se ponen las bases para un auténtico humanismo integral».

El Papa en su mensaje nos muestra la paz en su doble faceta como regalo de Dios y como tarea de todo hombre que tiene en la ley natural un punto de encuentro y diálogo, constituyendo «un presupuesto fundamental para la paz auténtica».

Benedicto XVI recuerda a todo hombre que el derecho a la vida y la libertad religiosa son patrimonio inviolable del ser humano. La paz necesita límites claros entre lo que es y no es disponible. Por lo que se refiere a nuestra realidad social y política, encuentro significativas las palabras del Papa sobre los «regímenes indiferentes» que «alimentan no tanto una situación violenta, sino un escarnio cultural sistemático respecto a las creencias religiosas».

Muchos españoles, creyentes o no, observamos con sorpresa y estupor la prohibición de los tradicionales belenes y villancicos en centros educativos dependientes del Estado como significativas anécdotas del retroceso de las libertades, que todos podemos sufrir en un futuro próximo ante estas corrientes que bajo la palabra “laicidad” esconden una actitud represora de las manifestaciones religiosas.

La igualdad y los ataques a la dignidad de la mujer son también abordados por el Santo Padre. Vuestro Arzobispo desea hacer un llamamiento en tal sentido sobre lo que ocurre en nuestro país. Los cristianos no podemos sino sumarnos al dolor de las mujeres que cada año son injustamente atacadas por la espiral de machismo violento, que desde hace muchos años sufrimos en España y que lejos de menguar se mantiene año tras año, sin que las medidas legales resulten suficientes como lo demuestra el más de medio centenar de mujeres asesinadas en la España del año 2006. Urge una recomposición moral de la familia basada en el amor estable y la fidelidad, y no en el egoísmo oportunista. El arma que a todos desarma es el amor. La violencia familiar se ha de combatir con virtudes, con ética, con principios morales sólidos.

El respeto al medio ambiente y el grave problema del abastecimiento energético, así como las concepciones restrictivas del hombre son cuestiones que también tienen su incidencia en la perturbación de la Paz como expone Benedicto XVI.

La concepción relativista de la persona debilita el camino de la paz, pues unos derechos humanos basados en un concepto débil de la persona difícilmente pueden otorgar la seguridad y fortaleza que requiere la defensa de los derechos humanos.

Benedicto XVI aborda también la nueva configuración de los conflictos y la amenaza terrorista que registra «formas inéditas de violencia». Como Arzobispo de Valencia he sentido gran preocupación por las víctimas de los terroristas que en nuestra tierra han sufrido la barbarie de la violencia. Los cristianos queremos la paz, pero no una falsa paz basada en el chantaje y la amenaza inmoral. La paz verdadera solo puede basarse en el perdón fundado en la justicia y el arrepentimiento verdadero. Lo he dicho en varias ocasiones y estoy convencido: no habrá paz sin justicia. No hay justicia sin perdón. No puede haber perdón sin arrepentimiento.

El Papa realiza un llamamiento al Pueblo de Dios para que todo cristiano se sienta comprometido en ser un trabajador incasable por la paz. Vuestro Arzobispo os invita a conocer y difundir el Mensaje de Benedicto XVI por la Paz, y por ello he dispuesto que se publique íntegramente en nuestro semanario PARAULA-Iglesia en Valencia, para que tenga la máxima difusión en todas las parroquias, y centros escolares y universitarios de la Archidiócesis de Valencia.

Con mi bendición y afecto.

 
Vocento

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