Viernes, 22 de diciembre de 2006
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Valencia
Las hernias más comunes
Cuando un órgano o tejido sobrepasa físicamente la cavidad del cuerpo en que está alojado se produce una hernia o “protusión”. Las más comunes se desarrollan en el abdomen aunque se dan en otras partes del cuerpo humano, recibiendo el nombre del área afectada.
Aunque ya se ha citado que un porcentaje alto, del orden del 70 % de las hernias se producen en el área abdominal y que estas son debidas al hueco que se origina en la pared del órgano y es por allí por donde se desarrolla, el hecho es que existen otras hernias también.

Citaremos la hernia discal que parece afectar a un importante número de personas, se calcula que el 1/ 1,5 % de la población y son la causa de incapacidad para mayores de 45 años.

El hecho es que una parte del disco intervertebral, el llamado núcleo pulposo se desplaza hacia la raíz nerviosa, produce una presión en esa zona y la consecuencia son posibles lesiones neurológicas.

El dolor es la consecuencia de esa presión y suele extenderse por la zona lumbar; quienes padecen este problema dicen que les duele todo, es decir: articulaciones, duramadre, anillos fibrosos, ligamento vertebral, siendo el lumbago y la ciática una consecuencia.

Recordemos que la columna vertebral es el eje de sostén del cuerpo, protege la médula espinal y los nervios, por lo que no cuidarla y someterla a esfuerzos excesivos o a mantenerla en posiciones claramente “antinaturales” termina por perjudicar severamente esa estructura compuesta de vértebras, separadas entre si, entre otras cosas, por discos que realizan funciones de amortiguadores y permiten el movimiento tal como lo hacemos y observamos que lo hacen.

Si no fuera por la existencia de esos discos no podríamos andar como lo hacemos ahora y la marcha sería rígida pareciéndose, valga el símil, a los robots que Hollywood nos sirve en sus películas cuya dificultad mayor es la de andar como los humanos.

Desgaste

El paso del tiempo, el envejecimiento, sin duda, es el que produce mayor desgaste y entra en un proceso de debilitamiento hasta correr el riego de rajarse produciéndose una “fisura”, un espacio por donde la parte interna trataría de salir dañando, en su caso, los nervios que están vehículados por ahí.

Es un problema que afecta esencialmente a las personas de la llamada tercera edad o cuarta.

Estas dos manifestaciones ofrecen el mayor índice de consultas; de hecho se suele calificar de benigno –lo que no impide, claro, su manifestación dolorosa y en ocasiones paralizante– y es posible operarlo, aunque no sólo se produce con origen de hernia discal.

De hecho existe la posibilidad de tener una raíz congénita, artrítica o puede ser derivado por una fractura.

En cuanto a la ciática, es una manifestación posible de la hernia discal, se manifiesta unilateralmente afectando al nervio lumbar o ciático siendo de carácter no precisamente benigno produciendo dolor y debilidad en el nervio afectado y llegando a provocar parestesia local (fuente wikipedia).

Parestesia

SALUSLP, recogiendo las indicaciones de algunos lectores, no desea que ningún término de uso habitual en el sector sanitario pueda constituirse en un obstáculo al entendimiento completo de lo que aquí se trata y en ese sentido amplía el término de parestesia.

La parestesia es una anomalía sensitiva táctil que se caracteriza por las sensaciones normales indoloras de cualidad variable: hormigueo, picazón, sensación de ardor cutáneo y algunas veces con sensación de calor; puede ser espontánea o provocada por el roce de los tegumentos (la envoltura, piel, que cubre la mayor parte del área de los tejidos y donde residen los sistemas que permiten la comunicación del medio externo con el interior, es una red periférica de inmunovigilancia).

Según la zona, el nervio afectado puede llegar a producir problemas para andar y la extremidad inferior derecha o izquierda puede verse envuelta en ese problema que ha nacido, posiblemente, en una hernia discal.

Al margen de la intervención quirúrgica para la hernia de disco lumbar el sufrimiento derivado de la misma puede durar lo que dure la vida del individuo afectado y esa situación obligará a adoptar una serie de normas de higiene postural y funcional que devendrá en una evolución de los síntomas a medio y largo plazo, entre esos síntomas el dolor es lo más evidente y en ese sentido cabe reflexionar acerca del dolor como tal síntoma.

Causas

Quizás antes de ello convendría explorar, o citar, las causas posibles de la citada parestesia y así evitarnos un autodiagnóstico.

Podemos notar entumecimiento, sensación anormal de la sensibilidad general como puede ser el acorchamiento siendo las manos, los pies, brazos y piernas lo más usual.

Cuando permanecemos en la misma posición sentados o parados durante un cierto tiempo.

El origen también puede partir de una lesión en el nervio que alimenta esa parte del cuerpo.

Una falta de irrigación sanguínea en la zona, como puede ser el caso de alguien que tenga una ateroesclerosis en las piernas y ello puede causar dolor, y hormigueo al caminar (los médicos califican esa situación con el concepto de claudicación).

Algunas enfermedades como la diabetes, el hipotiroidismo, la esclerosis múltiple, las migrañas pueden originarla.

Cambios químicos relacionados con niveles de calcio, potasio o sodio.

Además del encorchamiento, el hecho es que muchos de los pacientes se quejan de dolores.

En el número anterior el doctor Gener Galbis nos hablaba del dolor y ello ha suscitado dudas y preguntas, por lo que quizás es interesante recordar que el dolor es algo intransferible y que cada uno lo sufre como experiencia personal, al margen de sus numerosas y posibles causas.

La Asociación Internacional del Estudio del Dolor, cuyas siglas en inglés sean quizás más reconocidas, (IASP) define al dolor como “una experiencia sensorial y emocional desagradable con daño tisular actual o potencial o descrito en términos de dicho daño” lo que resulta difícil, obviamente, de medir, partiendo del hecho de que se trata de una experiencia individual, una sensación personal que pone en marcha una emoción y eso termina por ser “lo que el paciente dice que es”.

Esto, claro está, es aplicable de forma directa a las hernias discales, al lumbago y a la ciática citadas.

Esa realidad produce un problema de medida y por eso la IASP ha desarrollado una clasificación que trata de establecer un marco común para interpretar adecuadamente la “cantidad” de dolor experimentada.

Se han puesto de acuerdo los expertos en tener en cuenta los siguientes parámetros o requisitos:

La región del cuerpo afectada, el sistema orgánico afectado, la temporalidad del dolor, la intensidad declarada y el origen posible.

Los términos que se emplean, entre otros son:

–Analgesia (ausencia de dolor en respuesta a estímulos que habitualmente generarían respuesta dolorosa).

–Disestesia (sensación anormal, desagradable espontanea o provocada).

–Parestesia, que resulta lo mismo que la anterior pero que no es considerada desagradable.

El origen, evolución y mecanismos del dolor pueden ser oncológico o no oncológico; agudo o crónico; somático; neuropático o psicogénico.

Al margen por tanto de la fuente citada para hacer llegar a ustedes este minirecorrido por la geografía del dolor, es probable que tengamos que profundizar más en la medida de la existencia , ya citada por nosotros, de las llamadas Unidades del Dolor –conviene aquí decir que es cierto que cada uno de los pacientes experimenta una cantidad de dolor que no es comparable a la de otro, aunque también es necesario tratar de llegar al fondo de su origen e intensidad para combatirlo mejor–.

Por esa razón cuando alguien pregunta sí duele más una hernia discal que una diafragmática o cerebral cabría decir que cada una tiene un cuadro distinto y cada persona la siente de forma diferente.

En el caso de la hernia diafragmática que se da en algunos niños y que puede ser debido a un problema genético –incluso es detectable en el periodo prenatal– se trata de una emergencia quirúrgica durante al cual se deben “reubicar” en la cavidad abdominal sus órganos correspondientes y reparar el orificio del diafragma y producirse algunas posibles complicaciones como infecciones pulmonares.

Aquí nos es posible ni siquiera oír el dolor mediante el llanto.

Hernias de hiato y femoral

Otra hernia muy común es la conocida como hernia de hiato. Como sabemos el tórax está separado del abdomen por el diafragma y el esófago entra en él a través de un agujero o hiato. Cuando ese hiato se debilita se producen ardores y algún dolor torácico; ambas cosas se toleran mediante la ingestión de determinados medicamentos y con una dieta prevista para estos casos.

Si el debilitamiento muscular se produce en un área de la pared delgada del abdomen puede que estemos ante una hernia femoral debido a que en la zona de la ingle, cerca del muslo, empieza a observarse un abultamiento – que se da más en las mujeres que en los hombres- y una posible pérdida de riego sanguíneo en la llamada asa del intestino con el riesgo de estrangularse dando lugar a vómitos y náuseas y constituyéndose en una emergencia médica.

Es fácilmente detectable mediante la simple observación.

Se clasifican más hernias que las aquí citadas como es el caso de la hernia cerebral, de la umbilical.

En todo caso algunas de las hernias citadas pueden ser objeto de una intervención quirúrgica que resuelva el problema de “deslizamiento” de órganos a causa, en general, de un debilitamiento de la tensión muscular.

Siempre que notemos algún síntoma parecido al que hemos descrito debemos acudir a la consulta de un médico y no experimentar con nosotros mismo utilizando mecanismos físicos de contención de aquello que se “sale” con el uso de fajas que aprietan indiscriminadamente, restando, posiblemente, riego sanguíneo a zonas que no pueden prescindir del mismo.

Y en cuanto al dolor asumir que es individual y que depende de cada uno por tanto la resistencia, la capacidad de “aguantar” y que conviene precisar al máximo la duración, y el lugar porque de esa forma ayudamos a mejorar la situación y damos pistas al especialista para que pueda atajar más rápido el origen de ese dolor que no nos deja vivir o que supone una molestia constante.

Carlos pajuelo de arcos

 
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