Lunes, 11 de diciembre de 2006
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Valencia
Augusto Pinochet muere a los 91 años
Sus seguidores se concentran a las puertas del centro sanitario, mientras los detractores lo celebran en la calle con champán
El ex dictador chileno Augusto Pinochet falleció ayer a los 91 años en el Hospital Militar de Santiago, donde hace una semana fue ingresado tras sufrir un infarto cardiaco. Tanto dentro como fuera del país, pocos lloran su muerte. Sus detractores hicieron correr el champán en la capital chilena, mientras algunos seguidores lloraban desconsolados.
Una semana después de su hospitalización por un infarto de miocardio, el ex dictador chileno Augusto Pinochet murió ayer a los 91 años en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Militar de Santiago. De inmediato sus seguidores se agolparon para llorarlo y reivindicarlo. En cambio los opositores –que denunciaron brutales abusos durante su régimen de 17 años– reaccionaron con una mezcla de alivio, algarabía y frustración. Y es porque el ex hombre fuerte chileno, que desde hacía una década acumulaba procesos judiciales en su contra, eludió definitivamente la sentencia. El destino –cuya ironía es a veces sarcástica– quiso que muriera un 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos.

Pinochet será ahora ‘sobreseído por muerte’ en las causas penales por torturas, asesinatos, desapariciones y otras violaciones a los derechos humanos. En cambio se mantendrán vigentes procesos en los que se investiga su responsabilidad y la de su familia en el desvío de millonarios fondos públicos para su provecho.

El gobierno informó que no habrá honores de Estado en los funerales, un asunto que había generado polémica en vísperas de su deceso. El general tendrá sí un funeral con honores de ex comandante en jefe del Ejército, una decisión de todos modos polémica. Hoy será velado en la capilla de la Escuela Militar de Santiago donde habrá misas y responsos, y mañana los homenajes castrenses.

La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, fue informada por el comandante en jefe del Ejército, general Oscar Izurieta. Con esa certeza, la mujer que fue presa de la dictadura convocó a los ministros para una reunión extraordinaria en la que se definieron pasos a seguir.

A pesar de tratarse de un anciano con problemas de salud la noticia de su fallecimiento resultó inesperada y, por lo tanto, causó una gran conmoción. El ex tirano había ingresado de urgencia al hospital el pasado 3 de diciembre por un infarto y un edema pulmonar. Su estado era gravísimo. Pero en 48 horas se recuperó y fue trasladado a una habitación común. Ayer, a media mañana, los médicos informaron que el general retirado seguía evolucionando favorablemente. Su esposa Lucia Hiriart, que ayer cumplió 84 años, llegó sonriente a visitarlo, igual que sus hijos y otros allegados.

A la hora de comer Pinochet se descompuso y fue reingresado en estado crítico en cuidados intensivos al sufrir una crisis cardiaca múltiple. “Tuvo una descompensación aguda, grave e inesperada”, explicó su médico Juan Vergara. Los intentos de reanimarlo fueron en vano. El ex general había muerto a las 14.15 horas

Incidentes
La noticia causó todo tipo de reacciones menos indiferencia. Muchos más simpatizantes que los que iban en estos días a rezar por su salud se congregaron frente al Hospital Militar. Hubo incidentes entre manifestantes y personas de la prensa. Una mujer fue detenida por la policía por intentar bajar la bandera del mástil del hospital que las autoridades del centro médico mantuvieron en su sitio. Sin embargo, tres horas después, el Ejército ordenó bajar la divisa e izarla a media asta.

“Fue un gran presidente, un héroe nacional”, lloraba una mujer emocionada junto a otros adherentes, en cercanías del Hospital Militar. “Nos salvó de ser una segunda Cuba”, aseguraba sollozante una joven y agregó “la izquierda estará feliz ahora”. “Siento que murió mi padre, merece una estatua. Nos salvó del comunismo”, declaró otra simpatizante portando una imagen del general en su momento de mayor poder. “Yo era viuda y pude criar a mis hijos gracias a Pinochet. Mi gratitud hacia el ‘Tata’ es infinita. Tengo un hijo al que le puse Augusto”, reveló otra señora.

En la otra acera, los opositores al régimen manifestaban su júbilo haciendo sonar las bocinas de sus automóviles. Más tarde se organizaron para salir a expresarse juntos en la Plaza Italia, del centro de Santiago, donde se descorcharon botellas de champán. El fallecido dictador ya no gobernaba Chile desde hacía 16 años. Sin embargo, las reacciones expresaron que aún mantenía gran ascendiente en las conciencias.

La abogada humanitaria Pamela Pereira, hija de una víctima de la dictadura, aseguró sentir “una enorme tranquilidad de ánimo” por el fallecimiento de Pinochet. “Hizo tanto daño, que con su muerte nos da la posibilidad de dar vuelta a la página’’.

 
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