Manuel Toharia es el director del Museo de las Ciencias Príncipe Felipe y, como se llama en los círculos docentes, un divulgador científico de primera. Puede enseñar la teoría de la relatividad a la persona más negada con las ciencias. Presidente de la Asociación Española de Periodistas Científicos, Toharia se salta lo políticamente correcto y critica tanto a los ecologistas como a los fatalistas del cambio climático. “El problema real de la humanidad es la pobreza”, afirma.
–Desde revistas científicas hasta entrevistas en el Pronto. ¿Ciencia para todos?
–Sí, la verdad es que me preguntaron sobre mi libro a cerca del cambio climático (El clima, el calentamiento global y el futuro del planeta). Está muy bien porque la gente quiere saber lo que pasa con este fenómeno que nos está alarmando a todos. Es una manera de que todo el mundo lo conozca.
–Usted fue hombre del tiempo en los años 70. Inundaciones, tornados y huracanes. ¿Estamos ante el apocalipsis?
–La noticia para los medios es la extraordinaria y además ahora hay muchas radios y televisiones. !Inundaciones en Galicia! Si en Galicia ha llovido toda la vida en otoño, ¿de qué nos extrañamos? El problema es que la gente se empeña en hacer sus viviendas en los lechos de los ríos. Catástrofes meteorológicas siempre las ha habido. La riada del 57 en Valencia ha sido la peor de la historia y nadie habló de cambio climático.
–¿Y la sequía que arrastra la Comunitat?
–Si coges una jarra podrás darle de beber a uno, pero si les has de dar a 20 se morirán de sed. La cantidad de lluvia, más o menos, es la misma. Es verdad que en los dos últimos años ha llovido menos en las cuencas del Júcar y el Segura pero hace cinco llovió más de lo normal y nadie dijo nada. Esto no es Escocia, aquí nunca ha llovido mucho y además, consumimos más agua que nunca.
–¿Qué sector es el que más consume?
–Sin duda, la agricultura, un 75% del total. Aunque la Comunitat puede presumir de la eficiencia de sus cultivos, sobre todo Valencia y Castellón, pero no demasiados para el agua que no tenemos.
–Conclusión.
–O llueve más (imposible), o ahorramos o nos traemos el agua. Yo digo que todo. Aumentando la eficiencia más aun, quitando algunos cultivos que no son rentables, trayendo agua y desalando agua. Todo lo que se pueda. Todo apoyado por estudios fiables. Las soluciones nunca son blanco y negro.
–¿Habría que plantearse la situación de la agricultura?
–El problema de los países mediterráneos es que antes teníamos una agricultura de subsistencia y ahora es de negocio. No podemos cultivar como se cultivaba hace un siglo. Igual que ocurrió con la siderurgia y otras actividades económicas, hay que modernizarse. El 75% del agua que se usa es para la agricultura, cuando el agua imprescindible es para beber y para lavarse.
–La Cumbre de Nairobi intenta impedir el cambio climático. ¿Cómo ve sus conclusiones?
–Me parece un buen primer paso. Es una manera de consolidar el protocolo de Kioto. Hasta EE. UU., que se había opuesto, lo está cumpliendo. Doce de sus estados (incluida California) lo han ratificado y allí nadie duda de la unidad e indivisibilidad de su patria. Son muy independientes.
–Entonces, ¿ha fracasado Kioto?
–No, una cosa es que fuera timidillo. Y Nairobi es un gran primer paso que puede ser un segundo Kioto más exigente. Pero este tratado se está cumpliendo bastante bien en los países occidentales. Nairobi debe dar pie a que se haga un segundo Kioto. Si esto se hace, iremos bien.
–Pero España lo ha ratificado y no lo cumple...
–Aquí en España no es que no hayamos hecho los deberes, alguno no hemos hecho, pero es muy difícil cumplirlo porque la economía debe asumir poco a poco esas restricciones que plantea el tratado.
–¿Energía nuclear o renovable?
–Renovable siempre, aunque de momento está empezando. Sí que parece que en eólica vamos bien, pero hay que ponerse las pilas. La nuclear es peligrosa, pero no significa asumir más riesgos que montar en moto.
–Pero genera muchos residuos...
– Es cierto. A la gente no le gusta la nuclear porque le parece peligroso, porque se pueden fabricar armas nucleares y porque emiten residuos que todavía no sabemos dónde meterlos. Pero tiene un punto a su favor, y es que no emite CO2 y no favorece al efecto invernadero. Aun así, yo me lo pensaría mucho.
–¿Cómo va a afectar el cambio climático a la Comunitat? Los más apocalípticos dicen que Valencia quedaría bajo las aguas...
–El cambio climático no tiene nada que ver con la fusión de los polos. Al contrario, en la Antártida cada vez hay más hielo, precisamente por el calentamiento, más evaporación y en conclusión, nieva más. Por lo tanto, si sube el nivel del mar será por dilatación dos o tres centímetros, eso Valencia ni lo notará.
–¿Y en otros ámbitos?
–El cambio climático si afecta a la Comunitat se traducirá, siempre pensando a 100 años vista, en lluvias más intensas y más erosivas. Lo que está claro es que hará un poco más de calor, pero dentro de 50 años, esto no es para asustarse. Por ejemplo, el pasado enero batimos los récords de frío en la Comunitat. Utiel y Requena llegaron a estar a 18 bajo cero. El cambio climático es un problema de muchos años. ¿De verdad nos preocupa qué pasará dentro de 100 años?
–Y ahora, ¿cuál es el problema con el que hay que intervenir más inminentemente?
–El problema más grave de la sociedad de hoy es la pobreza, eso sí que es una lacra y es lo que me subleva. La gente está muy preocupada por el nivel del mar, pero nadie se entera de que 1.000 millones de personas se están muriendo de hambre. Si hablamos de cambio climático hagámoslo, pero no es el problema más importante, no es para asustarse.
–Y, ¿de qué hay que asustarse?
–Quien quiera asustarse de verdad que se vaya a Bangladesh y a Etiopía y que vea la situación que están padeciendo allí. Preocuparse por el futuro está bien, pero vamos a arreglar primero el presente. Ese es el discurso que hecho en falta y sobre el que hablo en mi último libro.
–En su libro sobre el cambio climático no quedan en muy buen lugar los ecologistas.
–Hecho de menos en los ecologistas una preocupación por el presente. Hablan de muchos problemas de dentro de 100 años pero nadie se preocupa de la gente que se muere de hambre. Por eso hay que apoyar a las ONG.
–Hemisfèric, Museu y Oceanogràfic van viento en popa. El incidente del escenario, ¿puede perjudicar al Palau de les Arts?
–Eso puede pasar en cualquier sitio. El Palau es un edificio único en el mundo y aquí, en lugar de presumir de eso, lo criticamos. Ríete del Scala de Milán, ríete del Palacio Real de Madrid, que es feísimo, y ríete del Liceo, que es un teatrito de provincias. Al lado de eso, el Palau es fabuloso.
–¿Presume usted mucho por Madrid del Palau de les Arts?
–El Palau es un edificio único en el mundo. Lo veo desde fuera y desde dentro. Como aficionado a la música que soy, es un sitio fantástico.
–¿Tenía usted entradas para la Bohème?
–Yo tengo el abono y tampoco pude ir el domingo pasado a la ópera. En todos los teatros hay problemas técnicos y no por ello se los criminaliza como se ha hecho con el Palau. Una vez en París no pude ir a la ópera porque hubo un fallo técnico y ni los periódicos ni la oposición dieron tanta caña.
–¿A qué se debe esta avalancha de críticas? ¿Puede ser rédito electoral?
–El problema es que en Valencia y en España somos muy poco chovinistas. En España se cumple el refrán de que nadie es profeta en su tierra. Esto llega a ocurrir en Francia y todo el mundo hubiera estado a muerte con el Palau. Aunque tengamos las mejores cosas del mundo no las valoramos. No lo entiendo.
–¿Cómo se ve la Ciudad de las Artes y las Ciencias en el mundo?
–De manera extraordinaria. Igual que la ópera de Sidney. Un complejo emblemático, símbolo de una ciudad. Hemos estado en Málaga en un congreso de bienes culturales y todo el mundo nos ha halagado. Esto está despertando un eco en el mundo impresionante. Entrevistas en todos los periódicos y reportajes en las revistas más prestigiosas.
–Y unas cifras, por lo que parece, impresionantes...
–Además de eso, viene mucha gente, y no es que seamos un parque de atracciones. Aquí hay cine IMAX, Planetario, Museo de las Ciencias y parque que habla del ecosistema marino. Esto no es vender churros en la esquina. Creo que hay un enorme distanciamiento de los valencianos con respecto al proyecto más emblemático de la historia de Valencia.
–¿Y cuáles pueden ser las causas?
–No creo que sean razones políticas, porque esto es un proyecto socialista que luego ha sido desarrollado por los populares. Lo que pasa es que no valoramos suficientemente lo que tenemos y le damos demasiada importancia a lo que no tenemos. Mi hija, que vive en California, tiene las paredes de su casa completamente forradas con fotografias de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. Tenemos que sacar más pecho y enorgullecernos más con lo nuestro.
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