Miércoles, 6 de diciembre de 2006
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Valencia
Camps y los límites de la investigación
Mientras algunas voces muestran preocupación por el perjuicio que puedan causar en la imagen de Francisco Camps los problemas del Palau de les Arts, sorprende que casi ninguna mencione un hecho que toca de lleno su línea de flotación: la investigación biomédica. En los últimos días, Valencia parece estar de enhorabuena gracias a que sus científicos han logrado obtener líneas celulares en el Centro de Investigación Príncipe Felipe y han obtenido la autorización del Ministerio para que el IVI conciba a los primeros “bebés-medicina”. Estos últimos están pendientes de la decisión que tome la Conselleria pero a tenor del “incondicional apoyo” al que se refirió el conseller Blasco hablando de la investigación de líneas celulares, todo apunta a que no será difícil obtener un “sí”.

Ese “apoyo incondicional” de la Conselleria es como decir que los científicos cuentan con la financiación de los bolsillos de los valencianos, incluso de aquellos que muestran –mostramos– serias reticencias a pagar la destrucción de embriones humanos.

Para un político católico como Camps debe de ser difícil ese “apoyo incondicional” cuando la Iglesia ha explicado reiteradamente que el apoyo a la ciencia –necesario para la evolución de una sociedad– sí tiene condiciones. Así lo explicaba hace unos días el arzobispo de Zaragoza, el valenciano Manuel Ureña, cuando alertaba de la necesidad de establecer límites a la investigación de modo que no baste “que un descubrimiento de la ciencia sea posible para que se piense que ese descubrimiento, sin más, pueda ponerse en práctica”. Con esa percepción de que lo científicamente posible es, por principio, éticamente aceptable no hay razón para no manipular al ser humano desde su concepción hasta su muerte.

En ese contexto, un político católico como Camps no puede mirar hacia otra parte mientras el resumen de su gobierno se componga no solo de la grandeza del Palau de les Arts sino también del mérito de una ciencia por encima del hombre y no a su servicio, como le recuerda su Iglesia.

 
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