Sábado, 2 de diciembre de 2006
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Valencia
Trasteros a kilómetros
Valencia cuenta con su primer desván urbano que ofrece a los ciudadanos espacio para almacenar sus cosas
Valencia cuenta con su primer desván urbano que ofrece a los ciudadanos espacio para almacenar sus cosas
No se ha llegado a los treinta metros cuadrados que proponía la ministra Trujillo, pero los valencianos tienen cada vez menos espacio en sus hogares. Meter la bici, la cómoda de la abuela, los juguetes de los niños, y los zapatos de invierno en el cuarto trastero, si es que lo hay, es una misión casi imposible que abre las puertas al negocio de los trasteros urbanos en la Comunitat Valenciana. Para solucionar estos problemas de espacio, provocados por unos pisos de reducidas dimensiones, nacen los self-storages o trasteros urbanos.

Rafael Martínez es un activo jubilado de Valencia que perteneció a la Junta Central Fallera. En su piso de 100 metros cuadrados de la zona Blasco Ibáñez no tiene desván y, como es aficionado a la lectura, se veía obligado a ir saltando por encima de montones de libros, apilados en su despacho. La solución la encontró hace dos meses en el primer trastero urbano de la capital. “El self-storage me permite tener todos los libros que quiera y controlar dónde están. Con el tamaño que tienen ahora los pisos todo el mundo tiene problemas de espacio y por 40 euros al mes gano metros en casa para cosas que sí necesito diariamente”, asegura el jubilado.

Una vez amontonados todos los libros, Rafael Martínez coge el coche y en diez minutos se planta en su trastero. La empresa ofrece cuartos individuales que van desde el metro cuadrado hasta los veinte, aunque estos últimos suelen ocuparlos las empresas. Una vez en el self-storage , Rafael tiene un espacio para dejar el coche, y comenzar la descarga de los libros. Cada usuario cuenta con una clave de acceso personal al recinto y con la llave de su habitáculo.

Centros vigilados
El jubilado mete los libros en un carrito similar al del supermercado y se dirige hacia su trastero. Por el camino es controlado por un circuito cerrado de televisión y sensores de movimiento que son parte de la seguridad completada por alarmas individuales en cada cuarto, detectores de incendio, vigilancia nocturna y un seguro multirriesgo.

“La idea es que el espacio que ofrece la empresa sea una prolongación de la casa del cliente”, explica el director de operaciones de Bluespace en Valencia, Joaquín Izquierdo Clerigues. Para conseguirlo, el centro está abierto todos los días del año sin excepción y las 24 horas del día. “Se ofrece un servicio de espacio que deberían tener los pisos”, continúa Izquierdo Clerigues, “por eso la empresa intenta que los precios no sean muy elevados y van desde los 39 a los 59 euros al mes para los trasteros particulares y de 100 a 150 euros si se trata de alquiler para empresas”.

Rafael ya ha abierto su desván y ha empezado a amontonar libros en las estanterías. La empresa, en principio, ofrece el cuarto vacío pero si el cliente lo desea también puede contratar servicios de estantes o incluso puede pedirle al self-storage que recoja sus cosas en casa y las ordene en su trastero. Además, si el particular no tiene vehículo propio el centro le puede ofrecer una furgoneta de forma gratuita.

Rafael por ahora está satisfecho con el espacio de cuatro metros cuadrados que tiene su habitáculo, pero si tuviese que cambiarlo “no tendría ningún problema”. La empresa sólo exige una ocupación mínima de quince días y si se desea abandonar el trastero hay que anunciarlo con siete días de antelación. Aunque el pago se hace por meses si el cliente no está satisfecho y quiere retirar sus pertenencias, la empresa devuelve el dinero correspondiente a los días no utilizados.

Las primeras empresas de self-storage surgieron a mediados del siglo pasado en EE. UU., alrededor de las grandes ciudades, donde la falta de espacio comenzaba a ser un problema. De ahí saltaron a Inglaterra y Francia en la década de los ochenta y ya a finales de los noventa se abrieron los primeros centros en Madrid y Barcelona.

Valencia tiene un self-storage , en la calle Valle de la Ballestera, desde enero de 2005. De los 600 trasteros con los que cuenta ya hay 500 alquilados así que, como cuenta su director, “la acogida ha sido buena”. La empresa abrió el pasado octubre otros dos centros: uno en el polígono de Mislata y otro en una zona comercial de Alfafar.

Interés en aumento
Por ahora son empresas las más interesadas en aumentar el espacio. Laboratorios, agencias de marketing que guardan publicidades, alguna revista que almacena sus números como paso previo a la distribución o bufetes de abogados son algunos ejemplos.

Los particulares se van acercando al centro poco a poco porque, como explica Izquierdo Clerigues, “los trasteros urbanos son algo muy nuevo para el público valenciano que tiene que familiarizarse con el concepto, tener confianza en la empresa y saber que es segura”. Así que por ahora las familias ocupan el 30% de los trasteros del centro.

El desconocimiento del público obliga a los self-storages a invertir medio millón de euros por ciudad en marketing a lo que hay que sumar de seis a diez millones de euros más para poner en funcionamiento el centro. A pesar de los costes, el director del trastero urbano comenta que la “evolución del negocio es buena”.

Con pisos cada vez más pequeños, los valencianos recurren a trasteros fuera de casa. ¿Tiene ya el suyo?

 
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