Fue una de las más audaces reformas urbanas acometidas en Valencia a finales del XIX. Se concibió una vía que uniera la plaza de la Reina con la Glorieta y el Parterre; como consecuencia, tras las polémicas y las expropiaciones que supuso, incluidos los derribos de los conventos de San Cristóbal y Santa Tecla, las obras no finalizaron hasta 1920.
Como excepción, la calle de la Paz mantiene toda la belleza de los edificios, eclécticos en su mayoría, pero donde resalta el academicismo junto a elementos románticos y modernistas.
Es calle para contemplar despacio, para el paseo sin prisas que permita observar el revestimiento de azulejos, ménsulas, columnas, capiteles jónicos, aleros de madera y cubrepersianas de hierro y adornos de forja.Desde un principio, joyerías y grandes comercios textiles, centraron a una elevada clase social, la burguesía que desplazaba a la aristocracia asentada en la calle de Caballeros y calle del Mar. Las joyerías de la antigua calle de Zaragoza y entorno de la plaza Lope de Vega se trasladaron a la calle de la Paz; son los establecimientos de maderas nobles; generalmente con trastiendas, comunicadas a veces al entresuelo mediante escalera de caracol. Joyeros que siguen en tercera y cuarta generación compitiendo en creatividad y lujo.
Mas a la vida mercantil elitista se unió el atractivo de los cafés, con sillones tapizados, grandes espejos y quintetos (piano y cuerda) que ofrecían conciertos tarde y noche. Entre los cafés ha perdurado la memoria en crónicas del ‘Ideal Room’; y no precisamente por la música, sino por las tertulias de intelectuales en aquellos años en que Valencia acogió a republicanos del mundo de las artes y las letras.
Nombres ilustres
En torno al velador de mármol se citaban Pablo Sorozábal, León Felipe y Alberti, entonces enamorado de su mujer, María Teresa León, colaboradora suya en la revista revolucionaria ‘Octubre’. Del ‘Ideal Room’ instalado en los bajos de la calle de la Paz chaflán a Comedias, quedan las hermosas vidrieras emplomadas que el tiempo ha respetado y hoy embellecen una casa de lencería ‘María Teresa’.
Se podría escribir un libro con la historia de tantas empresas que sobrepasan el siglo, como la conocidísima ‘Farinetti’, donde destaca el emblema de la prensa entre dos cuernos de la abundancia; la antigua casa Dotesio que pasó a ser ‘Unión Musical’, que Iturbi visitaba puntualmente cada vez que venía a Valencia, o la famosa ‘Altarriba’, que surte a todos los deportistas y aficionados a los trenes eléctricos.
Fue la calle, preferida por la juventud provinciana de la posguerra, cuando chicos y chicas de colegios religiosos e Institutos paseaban y se miraban esperando que otro compañero, conocido de ambos, los presentara. Después, cuando ya iban a la Universidad y se consideraban novios, las jóvenes suspiraban por ese Viernes Santo en que lucían traje negro, mantilla de blonda sostenida por teja y rosario de nácar en las manos, para visitar los ‘monumentos’ y lucirse, a mediodía, en la calle de la Paz.
Las costumbres pías se desterraron, como antes se esfumaron los desfiles de Carnaval que, con comparsas burlescas y atrevidas, sonrojaban a las personas bien pensantes y provocaban la risa de la gente llana. Aunque todo hay decirlo, los distinguidos y los vulgares terminaban encontrándose en el Llano del Real, para tras el anonimato del disfraz y la careta, jugar con los amoríos fugaces y a las caricias robadas.
Nuestra calle también fue testigo de manifestaciones de universitarios que se alzaban contra el franquismo; y corrían tras la persecución de los ‘grises’ (policía armada); y aún sigue como vía de desfiles de huelguistas y procesiones vicentinas (de todo, de todo). Claro que los comercios donde las señoras se sentaban ante el mostrador y los dependientes desplegaban las piezas de seda o terciopelo, fueron cerrando.
Etapa gris
Se vivió una etapa gris, mortecina, hasta que un día, vibrando al pulso de la actualidad, comenzaron a instalarse agencias de viajes, que siguen disputando ofertas con mil destinos; las joyerías permanecen y alternan con perfumerías, tiendas de moda , de muebles y decoración y pequeños cafés de almuerzos económicos para todos los que trabajan con jornada partida.
Las fincas se restauraron magníficamente y la única que se alzó de nueva planta, es la que desentona. Corramos un tupido velo; y destaquemos las de Joaquín María Arnau y Francisco Mora Berenguer, autores del chaflán Paz-Comedias, que enmara el campanario de la iglesia de Santo Tomás y San Felipe Neri. Fincas con torrecillas, cupulina y miradores, fotografiadas por los turistas con sensibilidad.
La deliciosa postal cedida, como siempre por José Huguet, nos devuelve a aquella calle de la Paz elegante, donde el peatón podía deambular sin miedo a ser arrollado.
La joven, con gran sombrero, imaginamos hija de familia bien, acompañada por la sirvienta, que lleva al brazo la cesta de mimbre y de doble ala; seguramente repleta de viandas al regresar del Mercado Central.
Hoy, los semáforos, en esta calle, se respetan al máximo, dado que el tránsito es denso y veloz. Las hijas de familia bien estudian en Londres, Bruselas o Florencia; y el Mercado Central atiende las compras por internet. La vida gira y gira.