Un bebé de cinco meses estaba en Estrasburgo la semana pasada custodiado en una dependencia sociosanitaria pendiente de que un juez diga que se hace con él. Su madre se lo olvidó a la salida del parvulario en la calle. Una llamada a su móvil “la despistó” y se dejó “al nano” en la acera. La madre lo echó en falta por la tarde y llamó a las 22 horas a la comisaria a ver sí sabían algo. ¿Que diría?
No da risa la cosa.
El móvil ha traspasado la frontera de la intimidad y el metro, el autobús y ahora las aceras, están pobladas de individu@s que ríen, gesticulan, se excitan e incluso lloran sin tener a nadie delante. La virtualidad ha tomado tierra.
Pulula un ejercito de aislados del otro por el celular.
Ayer un par de sujetos –ella y él– caminaban el uno junto al otro, por la Avda. del Puerto y hablaban al tiempo por su móviles y me pregunté sí estarían hablando entre ellos, así que les seguí sin disimulo con la certeza de que no me verían, de que no repararían en mi, como así fue.
- Ha sido una pasada tío, decía él.
- No iba de rojo esta vez, indicaba ella.
Lo sabía, me dije; estos regresan del acto de desencuentro entre Gobierno y Municipio a costa de la America´s Cup y están dando noticia de lo ocurrido.
El Sr. Sevilla que es de Valencia ha decidido participar, sin barco, en la Copa y, a lo mejor, recibió una llamada del móvil de Z dando un toque y por su cara, vista en las fotos al efecto, no parecía muy marinero y su gesto torcido frente a los “morritos” de la alcaldesa presagiaba un ventorro que tallaba “els coll...”.
La convivencia inter semipares Ayuntamiento-Gobierno parece más difícil que el montar las olas por los surferos que fabrica “El Niño” en Hawai que son del orden de 15 metros de altas.
Abandono a la pareja movilera y al volver una esquina cerca del nuevo balneario urbano, antigua Casa de la Lactancia, veo a una joven sentada en el suelo llorando por el móvil, quiero decir a través del móvil y no me atrevo a preguntar, tal es el sollozo. ¿Un amor perdido? ¿Un chasco por no haber botellón este fin de semana? ¿Un fallo en la llamada Semana Blanca de reciente invención occidental? ¿Un balneario lleno de “spaistas” dándose a “la dolce vita” del masaje? ¿Entraré?
Decido apagar mi móvil en el momento que sonaba y ahora estoy inquieto. ¿Era usted? Muy amables.