Nació en Valencia en el año 1959. ¿Cuánto tiempo vivió aquí? ¿Cómo recuerda aquella Valencia?
Nací en Valencia y viví, casi sin interrupción, hasta terminar los estudios universitarios. Esos años son como la raíz de toda mi vida. Ahí están mis padres y mis hermanos y alrededor otros familiares y los amigos. Cuanto más tiempo pasa me doy más cuenta del lugar que ocupan en mi vida.
Después se marchó a Roma y posteriormente a Pamplona…
Como licenciado en Historia me marché a Roma en 1982. Allí continué con los estudios de teología. Pero, como es lógico, además de teología en Roma aprendí muchas otras cosas. Poder vivir en una ciudad tan cargada de significación histórica y espiritual es una suerte extraordinaria, te configura mucho. Y a Pamplona llegué desde Roma dos años después, para hacer la licenciatura y el doctorado en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.
Fue ordenado sacerdote en 1987. ¿Siempre supo que quería ser sacerdote?
No, de ninguna manera. Hasta que la llamada al sacerdocio se fue abriendo pasó dentro de mí, creo que si alguien me hubiera dicho en los tiempos del colegio o en los primeros años de la universidad que iba a ser sacerdote me hubiera echado a reír. Como si me dijeran que sería astronauta, no porque despreciara el sacerdocio, simplemente porque estaba fuera de mis horizontes.
Tengo entendido que hizo un doctorado en Historia Civil por la Universidad de Lovaina (Bélgica) donde vivió treinta meses…
Eso vino después, cuando me ordené en el verano del 87 y defendí mi tesis doctoral en febrero del 88, comencé a dedicarme a la tarea universitaria. Fue entonces cuando pensé que podría ser bueno doctorarme también en Historia. En el curso 90-91 me fui Lovaina estudiando para obtener el Diplôme en el Institut d’Études Médiévales. Y luego pude presentar con mi director, el profesor James McEvoy, un tema de tesis doctoral. Esta segunda tesis la defendí el 4 de julio de 1994. Aprendí mucho también Bélgica, viví allí treinta meses. Era otro mundo y otro estilo universitario, me parece que complementario a mi estancia romana.
Ha publicado varios libros, ‘La teología de Boecio’ y ‘Formación y evolución del tratado escolástico sobre el decálogo (1115-1230)’… ¿Tiene entre manos alguna otra publicación?
En 1990 publiqué mi primer libro, que llevaba el siguiente subtítulo:
En la transición del mundo clásico al mundo medieval
. La época, el contexto socio-cultural en el que Boecio elaboró su teología era muy interesante y esa época estaba poco estudiada. Era el resultado de tres años de investigación y en realidad nunca he dejado el tema. Después he podido publicar estudios sobre la interpretación de los diez mandamientos en muchos autores y épocas: Filón de Alejandría, Orígenes, San Agustín, San Isidoro de Sevilla, Alcuino de York y los escritores carolingios, Alejandro de Hales, Ramon Llull. Ahora trabajo sobre San Buenaventura y Lutero. El decálogo es una cuestión siempre actual y es apasionante acercarse aun tema desde diversas épocas y ver como se ha comprendido, qué permanece siempre y qué cambia, es trabajar en la historia de las ideas.
En el año 1998 nace el Instituto de Antropología y Ética que usted dirige. ¿Cuál es su principal misión?
El Instituto coordina la docencia de las asignaturas de Antropología y Ética que se imparten como obligatorias en todas las facultades. Sin frenar el impulso de especialización creciente, exigido por los avances en todas las ciencias, se trata de no abandonar a la intuición sin reflexión o a la improvisación irracional la comprensión de la vida humana en sus dimensiones más propiamente humanas. Cada uno que se especialice en un aspecto de las ciencias, muy bien, pero que todos tengan la oportunidad de fundamentar su ser personas y el sentido de la vida y de nuestros comportamientos. Hay una inteligencia de la vida y una inteligencia moral que también hay que desarrollar y cultivar.
¿En qué consiste el trabajo del Instituto de Antropología y Etica?
El primer trabajo es cuidar el modo de tratar estas asignaturas. Esto exige reflexión para que sean atractivas, para que lleguen a los estudiantes, que muchas veces tienen su atención puesta en otras cosas. Además, y para que todo esto sea posible, procuramos trabajar en grupos de investigación y ponernos en relación con profesores de todo el mundo. Nadie puede decir que tiene las respuestas para todo y eso es uno de los núcleos vitales del espíritu universitario. La colaboración y el intercambio de conocimientos.
Desde el Instituto se han realizado varias publicaciones…
Hemos publicado cinco volúmenes con los contenidos de los simposios que hemos ido realizando:
Fe y razón
,
Comprender la religión
,
Idea cristiana del hombre
,
Trabajo y espíritu
,
Cristianismo en una cultura postsecular
. Ahora estamos a punto de publicar el último, que lleva por título:
¿Ética sin religión?
A pesar de no vivir en Valencia, ¿siente que ha perdido sus raíces valencianas? ¿Suele venir por la ciudad?
Me considero siempre un valenciano, esté donde esté. Y, sin exageraciones ni melancolías, me siento muy orgulloso de serlo. No voy todo lo que quisiera porque mis ocupaciones y mi vida se desarrollan aquí desde hace mucho tiempo y estoy muy contento donde estoy.
Y su familia… ¿sigue en Valencia?
Toda mi familia es valenciana, hacia arriba (tíos, abuelos, bisabuelos), hacia abajo (sobrinos) y hacia los lados (hermanos, primos). Y mis dos apellidos son de un modo un poco fuerte. Esto no sólo me enorgullece, sino que me facilita muchas ocasiones para afirmar mi identidad. Casi siempre que alguien oye mis apellidos termino diciéndole: “Sí, valenciano” y a continuación: “Sí, de Valencia Valencia”.
¿Cree que hay rasgos que caracterizan a los valencianos y los hacen diferentes del resto?
Sí creo que hay rasgos propios del carácter y del modo de ser que llevan la marca de tu tierra. Se nos reconoce allá donde vamos y eso me gusta.
¿Cómo ve a la Comunitat Valenciana en comparación en el conjunto de España? ¿Cómo la definiría?
Sin mirar mal a nadie, que no es necesario, me alegro con todo lo que sea bueno para Valencia. Últimamente, no lo digo yo, me lo dice mucha gente, la ciudad de Valencia está cada vez más bonita y más poderosa. Creo que siempre la tierra valenciana ha sido una potencia, pero ahora no sólo lo es sino que además lo muestra. También pienso que ver tu tierra desde una cierta distancia te da una perspectiva mayor, menos detalles pero más las grandes líneas. Cuando estás muy cerca te acostumbras y dejas de sorprenderte.
¿Qué es lo que más destacaría de Valencia?
Estoy convencido de que la mayor riqueza de está tierra está en las personas, en los valencianos…
¿Qué es lo que más le gusta de Valencia? ¿Qué lugares? ¿Qué recuerdos guarda de esta ciudad?
La luz del sol tan clara del cielo de Valencia, el mar, el clima tan bueno. Lo que valoras más cuando no lo tienes. Me gusta la Valencia que más he vivido, la que he paseado y en la que he crecido. Nací en la entonces avenida José Antonio, con sus palmeras. Los años de infancia y la primera juventud no se olvidan, son los que más huella te dejan. Por eso muchos recuerdos importantes de mi vida están unidos a un lugar, una calle, una casa, una iglesia, un paseo, una plaza valencianos.