Sábado, 11 de noviembre de 2006
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EDICIÓN IMPRESA

vivir más y mejor
Falta de glóbulos rojos
Incluimos un artículo de la doctora María Jesuis Vayá Esteban, miembro del equipo del Centro de Transfusiones de sangre de la Comunitat Valenciana, a la que hemos solicitado un trabajo relacionado con la anemia y que vendría a completar y satisfacer algunas demandas que nos han hecho llegar nuestros lectores derivadas del número que SALUSLP dedicó al tema.


La anemia se define como la disminución del número de glóbulos rojos (eritrocitos o hematíes) en la sangre por debajo de lo normal, medida por la reducción en la concentración de hemoglobina, el pigmento rojo de los hematíes que transporta el oxígeno. Los rangos de normalidad de este parámetro son muy variables en cada población, dependiendo de factores ambientales y geográficos, sexo, edad y ciertas circunstancias tales como el embarazo. A nivel del mar encontraremos valores mínimos, y a gran altura los valores deberán ser más altos (la menor presión parcial de oxígeno obliga al organismo a optimizar su transporte). Además, observamos valores menores en mujeres (por las pérdidas menstruales), en ancianos y en el embarazo. En general puede establecerse como normal para un hombre una hemoglobina entre 13 y 18 g/dl, y para una mujer entre 12 y 16 g/dl.

En la práctica clínica la anemia puede clasificarse de acuerdo con dos criterios, el tamaño de los glóbulos rojos ya que este es diferente según la causa productora de la anemia y la capacidad de regeneración de la médula ósea (donde se producen las diferentes células sanguíneas), para adaptarse al descenso de la concentración de hemoglobina en la sangre.

Las causas potenciales incluyen fundamentalmente: pérdida de sangre intensa y objetivable o pequeña pero constante y prolongada que puede pasar inadvertida (anemias hemorrágicas), deficiencias nutricionales (falta de hierro, vitamina B12, ácido fólico…), muchas enfermedades (renales, hepáticas, endocrinas, infecciosas, reumáticas, malignas…), reacción a medicamentos, acortamiento de la supervivencia de los hematíes por su rotura en el interior de los vasos sanguíneos, o por aumento de su destrucción fisiológica fuera de los mismos (anemias hemolíticas), hereditarias como las alteraciones en la estructura o síntesis de la hemoglobina (Talasemias) y diversos problemas con la médula ósea (insuficiencia en la producción de progenitores hematopoyéticos, ocupación por otro tipo de células ajenas…)

En España la causa más habitual es la falta de hierro cuya incidencia es especialmente elevada en mujeres jóvenes y niños en edad de crecimiento.

En las manifestaciones clínicas conviene distinguir las propias del síndrome anémico, de las debidas a la enfermedad subyacente. El síndrome anémico lo forman un conjunto de signos y síntomas que ponen de manifiesto la disminución de hemoglobina y el desarrollo de mecanismos de adaptación frente al descenso de la oxigenación de los tejidos: palidez, fatiga respiratoria y muscular, alteraciones en el ritmo cardíaco, alteraciones de la visión, cefaleas, alteraciones de la conducta, insomnio, alteraciones del ritmo menstrual, edemas, falta de apetito, estreñimiento. Éstos dependen, principalmente de la edad, la rapidez de instauración y del estado del sistema cardiovascular.

Para su diagnóstico ya que ésta no es una enfermedad en sí misma sino el signo de un trastorno subyacente, una correcta integración de los datos aportados por la clínica y el laboratorio permitirá determinar su origen y aplicar el tratamiento mas adecuado.

En general, no en todos los tipos de anemia es posible, el tratamiento debe considerar tres vertientes: el tratamiento de la causa, es fundamental eliminar aquello que produce la anemia, el tratamiento sintomático, aumentar la concentración de hemoglobina restaurando el déficit del hierro, vitamina B12, ácido fólico…, mediante la administración eritropoyetina (medicamento parecido a la sustancia que produce el riñón para estimular en la médula ósea la producción de eritrocitos) o bien transfusión de hematíes en los casos con manifestaciones clínicas graves que requieran actuación inmediata o no respondan a otros tratamientos (estos concentrados de hematíes se obtienen de los donantes de sangre voluntarios y altruistas), y no hay que olvidar el tratamiento preventivo para evitar de nuevo su aparición.

Dra. Mª Jesús Vayá Esteban

Médico Adjunto Servicio de Hemodonación. Centro de Transfusión de la Comunidad Valenciana

 
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