Sábado, 4 de noviembre de 2006
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Valencia
Un nombre para la ballenita beluga
Valencia va de bautizo. Aunque no se sabe aún el nombre de la cría de ballena beluga recién nacida en l’Oceanogràfic y ni tan siquiera el sexo, lo que está más claro que el agua de su cuna es quién será el padrino: si a alguien le corresponde ese honor es, sin duda, a González Pons.

Él fue quien veló por los primeros pasitos de las tortugas bobas que nacieron en el Saler y se tiraron al agua a toda velocidad quién sabe si huyendo de tanta expectación. Él fue quien alertó de la visita, en nuestro mar, de unas ballenas que impedían las extracciones petrolíferas y tal vez se asombraban de la súbita devoción por ellas que manifestaba el propio conseller.

Él dijo aquello de que las tortugas bobas que venían a reproducirse a nuestras costas eran las “turistas más exigentes” de la Comunitat Valenciana que, por cierto, prefieren sol y playa y nada de turismo cultural. O sea, muy exigentes pero de lo más tradicional.

Por eso, lo menos que se puede esperar ahora es un discurso del conseller como mantenedor del bautizo civil de la beluga que empiece pidiendo para ella el nombramiento de hija predilecta de la ciudad.

Aparte de la designación de padrino, también está pendiente el nombre.

¿Por qué no invitar a los valencianos a proponer uno para la beluguita? Si Copito de Nieve fue el símbolo de Barcelona o Chu-Lin de Madrid, bien podría la beluga recién nacida serlo para Valencia, la capital del Cup i Casal, la que ha vuelto a mirar al mar y la ciudad en la que esta especie se ha sentido tan bien que ha aumentado la familia.

Al fin y al cabo, la beluga es valencianet o valencianeta . No digo yo que se llame Vicent o Empar pero bien podría dejarse espacio a la imaginación de los valencianos para sentirla tan próxima como los barceloneses a su gorila albino o los madrileños a su oso panda.

 
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