Lunes, 30 de octubre de 2006
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EDICIÓN IMPRESA

Valencia
Quique da un rapapolvo a la plantilla
El técnico se encierra con la plantilla tras la debacle en El Sardinero
Quique se reunió ayer con sus jugadores y, antes del entrenamiento previo al viaje a Ucrania, les leyó la cartilla. El técnico del Valencia está disgustado por la actitud que supuso la derrota en El Sardinero.
Quique no está contento. No puede estarlo. Le escuecen las dos derrotas consecutivas que ha encajado el Valencia en los últimos desplazamientos, pero sobre todo al entrenador le duele más cómo se produjeron.

Por eso ayer, antes del entrenamiento que realizó la plantilla en la Ciudad Deportiva, el técnico blanquinegro se encerró en el gimnasio durante 40 minutos con sus jugadores –incluidos los lesionados– para analizar con profundidad los errores y actitud que mostró el equipo en el partido de El Sardinero.

Quique puso los puntos sobre las íes en la víspera del desplazamiento a la ciudad ucraniana de Donest, donde mañana al Valencia le espera Shakhtar, en el partido correspondiente a la cuarta jornada de la Liga de Campeones.

Se repite la historia
Si en los días previos a recibir en Mestalla a los ucranianos el Valencia se desinfló en Balaídos y perdió su imbatibilidad en la Liga, la debacle del sábado en Santander fue la gota que desborda el vaso. Se repitió la historia.

Quique es muy dado al diálogo con sus hombres. De hecho son habituales las llamadas quiquinas antes de los entrenamientos. Sin embargo en esta oportunidad no se trataba de una charla normal. El entrenador estaba indignado. La cara que traía en el viaje de vuelta de Santander delataba su enfado, que quedó de manifiesto tras el partido, durante su intervención en la sala de prensa del recinto cántabro.

Ilusión, seriedad, responsabilidad y disciplina son los adjetivos que reclama Quique a sus futbolistas. Por eso le duele y advierte abiertamente a sus jugadores que no va a permitir el derecho de pernada.

En El Sardinero el Valencia fue un equipo muy blandito, que no puso en apuros al portero Toño más que en dos oportunidades. Tampoco es que el Racing apabullara la meta defendida por Cañizares, pero realmente buscó el gol con más insistencia.

Eso es lo que le duele a Quique y por eso tras el partido se despachó a gusto. Frases como “encumbramos demasiado rápido a los jugadores”, “tomaremos medidas” y “estábamos como estacas” reflejan su disgusto.

Ayer habló con sus hombres. Serio, pero sin acritud, les recordó que durante la semana habían ensayado como neutralizar el peligro del racing y que faltó atención. Insistió en que hicieron un mal partido, Si en Santander no dio nombres, ayer tampoco personalizó. Pero los jugadores en cuestión saben que el tirón de orejas iba por ellos

Fue un aviso. El segundo. Ya lo hubo tras lo sucedido en Balaídos, pero ahora Quique ha puesto mayor énfasis. La tercera advertencia mandaría el toro al corral. No le iba a temblar el pulso y los futbolistas saben que una actitud inadecuada podría llevar a más de a uno no sólo al banquillo, sino a la grada, fuera del equipo. Con el Shakhtar a la vuelta de la esquina, se ha visto obligado a pasar página.

 
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