Martes, 24 de octubre de 2006
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EDICIÓN IMPRESA

Valencia
Los otros niños
Hay millones de niños que no han visto nunca un donut y otros que no han visto un juguete, salvo los juguetes bélicos para mayores, que son las armas. Criaturas recientes, dispuestas a pasar una breve estancia en el mundo, ya que aunque duremos más o menos, todos morimos jóvenes. Yo los he visto de cerca, cuando me gustaba viajar más allá de mi butaca y comprobar que pueden hacerse grandes trayectos mirando un atlas donde las cordilleras son como gusanos y los ríos como cabellos celestes. Un chiquillo, llamado Escuelita, me acompañó en Nicaragua a una especie de casilla de peón caminero donde había nacido el padre Rubén Darío.

–¿Cómo me has dicho que te llamas?

–Escuelita, señor.

Me explicó que a su pueblo, que se llamaba en tiempos Motapa, y en tiempos Cocuyos y ahora Ciudad Darío, habían llegado unos señores con levita que explicaron que lo primero es la cultura y que había que empezar por la escuela primaria. Su padre lo creyó a pies juntillas, y de ahí su nombre.

Ahora miles de niños nicaragüenses van a recibir juguetes españoles. Los Reyes Magos, que sólo trabajan un día al año, no han trabajado allí nunca. Desde el año que inicia el calendario cristiano están haciendo un año sabático. No nos puede extrañar que se queden desiertos los balcones y que no haya nada en el alféizar, porque no hay ninguna de esas cosas para poner algo encima.

Nicaragua es el segundo país más pobre de Centroamérica y ha estado largamente sometido a dictaduras hereditarias. “Los niños curan el alma”, dijo un ruso que intentó, escribiendo novelas, descifrar la naturaleza humana. Allí hay muchos a los que nadie les ha dado un beso, que es más grave que nadie les haya dado un juguete.

 
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