Nunca llueve a gusto de todos. Y el caso es que todos necesitamos agua, los agricultores los primeros, lo que ocurre es que nos estamos acostumbrando a sufrir unas tormentas que, acompañadas de granizo, rayos e incluso tornados, en pocos minutos descargan con mucha virulencia una cantidad de agua que, en lugar de bien, lo único que hacen es daño.
Según los asociados de AVA, la tormenta de agua y pedrisco que el miércoles por la tarde azotó Valencia ha provocado daños de gravedad, en torno al 80 o 90% de los cítricos y hortalizas de muchas partidas de Bétera. A éstas podríamos sumar los municipios del Camp de Turia donde las primeras valoraciones indican que hay daños que superan el 15% en los cítricos y hortalizas, y aunque el agua caída, en sí es beneficiosa, los embalses no han presentado mejoría alguna.
Por si eso fuera poco, los agricultores seguimos padeciendo otros males, soportando la impunidad con la que actúan los delincuentes y desaprensivos en nuestros campos y zonas rurales. No pasa día en el que no tengamos la fatal noticia de algún robo nen pozos y casetas de riego. Se trata de una situación que me indigna especialmente, porque llevamos muchos años denunciando este gravísimo problema y hoy es el día en que nadie ha sido capaz de ofrecer soluciones que den seguridad a los agricultores, quienes pagan los mismos impuestos que los demás ciudadanos.
Parece ser que los incidentes en los pozos se han agravado porque el precio del cobre se ha disparado y en las mencionadas instalaciones se consigue una buena cantidad de kilos. Mayor motivo para que las fuerzas del orden estén más pendientes de estas instalaciones.
Podría estar hablando sin parar y nombrar cien motivos por los que a los productores agrícolas se nos están quitando las ganas de seguir en nuestro trabajo. El nuestro es un sector muy castigado, pero aquí nadie hace nada. Por ejemplo, la vendimia acaba de terminar y lo único que les puedo contar es que los viticultores no están nada contentos con los precios. La campaña citrícola está en sus inicios y ha empezado tan mal, tan mal, que ya ha cundido el desánimo.
La conclusión es evidente: a perro flaco todo son pulgas. El sector agrario está plagado de problemas muy serios que condicionan su viabilidad. Si encima tenemos que hacer frente a todos esos problemas desde el desánimo, todo es mucho más difícil. Por tanto, tenemos que ir pensando en acciones, me refiero a los propios afectados y a la Administración, para ver qué podemos ir planteando, qué cosas podemos ir haciendo, porque si no, nos desmoronamos.
Aunque parezca mentira, todos estos planteamientos de mejora que mencionaba los tenemos que hacer con la certeza de que hay otros grupos, otras partes del mismo sector agrario que no están dispuestos a hacer nada para que esto cambie, porque están muy a gusto en la forma en la que todo esto funciona, y en la manera en la que ellos se encuentran. Mientras tanto, las iniciativas que se están desarrollando por la Conselleria de Agricultura pueden quedar en buenas intenciones. La Administración nacional debería empezar a trabajar en medidas de reglamentación del mercado, de precios y márgenes comerciales, pensar en un plan serio de viabilidad del sector productor agrario, porque si las cosas siguen tal y como están ahora, la mayoría de los agricultores van a ir, poco a poco, a la quiebra. Lo cual resulta absurdo cuando hay tantos que ganan tanto comercializando nuestros productos.